jueves, 28 de junio de 2012

Hacia la luz Azul. Capítulo 4

Hola, hola soñadores^^ Os traigo el capítulo 4 de esta historia.


Capítulo 4
—¿Qué pasa?
—Bueno, ¿te acuerdas de dónde nos dijo la policía que la habían encontrado? Pues no creo que ella fuese hasta allí por sus propios medios. Necesito averiguar quién lo hizo.
—La verdad es que yo tampoco lo creo, la conozco y sé que no lo hizo. Pero Annie no somos detectives ni nada por el estilo. ¿Por dónde pretendes que empecemos?
—Esperaba que se te ocurriese algo a ti.
—Pues la llevas clara, lo único que se me ocurre es que mataré a quién lo haya hecho.
—Empecemos por la excursión, ¿vale? Fuimos todo tercero y todo cuarto. Empecemos por ahí. ¿Dónde estaban todos cuando Emily desapareció?
—No fue nadie de cuarto, eso es seguro. Estabais todos en el lago.
—¿Piensas que pudo ser alguien de tercero?
—Es posible. ¿Hubo alguien que no la buscase?
—No, de eso estoy segura. Todos la buscamos. Además no creo que haya nadie en tercero que tenga la sangre tan fría como para hacerle eso a Emily.
—¿No eras tú la que me ha propuesto investigar? Pues entonces empecemos por ahí. Vamos.
—Pero, ¿adónde quieres ir ahora?
—¡A investigar!
Salimos del hospital corriendo, yo siendo arrastrada por Jake. No tengo ni la más remota idea de adonde quiere ir a parar, pero yo dejo que me arrastre detrás de él. Finalmente llegamos a su casa. Su padre está durmiendo, por las horas que son no me es de extrañar con las horas a las que trabaja. Jake me arrastra hasta su habitación y me pide que me siente.
—¿Se puede saber para qué narices hemos venido a tu casa?
—Toma —, dice entregándome un papel y un bolígrafo—. Tú calla y apunta.
Se sienta frente a su ordenador y entra en Internet, después de un rato en el que busca yo que sé qué me empieza a dictar nombres. Son los nombres de nuestros compañeros de tercero, ahora adivino que está en la página web del colegio. Él me dicta y yo apunto los nombres, uno tras otro, sin dejarme ninguno.
El resto de la tarde lo pasamos recordando aquel fatídico día, pensando dónde estaba cada una de aquellas personas. Finalmente, nos queda una lista de quince personas a las que investigar.
—Puff… hay demasiados datos que desconocemos.
—¿Por ejemplo?
—Pues a ver sabemos que Claire no estaba porque estaba enferma, pero ¿y qué sabemos de Sam? ¿Tú la conoces? Porque yo ni siquiera sé quién es y así uno no se puede poner a investigar. Tenías razón, no somos detectives y de aquí no vamos a sacar nada en claro —digo tirando los papeles, frustrada.
—¡Hey! No te rindas. Vamos, Annie, lo hacemos por mi novia, que resulta que también es tu mejor amiga. No puedes abandonarla, y si no luchas por averiguar que pasó aquel día la estarás abandonando.
—Tienes razón, sólo es que todo es demasiado… borroso. Será mejor que me vaya a casa, necesito descansar. Y tú haz lo mismo, ni se te ocurra volverte ahora al hospital, no puedes pasarte toda la vida allí, ¿okey?
—Está bien. No iré.
—¿Me lo prometes?
—Palabra de honor —dice sonriendo.
—Me gusta verte así, es la primera vez que sonríes desde que pasó todo esto.
—Ven te acompaño a la puerta —dice evitando mi comentario.

*****
Es por la mañana, mis padres ya han salido, tenían que coger un avión a las seis para no sé que viaje importante. Tendré la casa para mí sola durante cuatro días. Me levanto y me voy a la ducha. Y tras vestirme y desayunar voy al instituto.
Cuando llego se me acerca Jasper, que me saluda:
—¿Qué tal?
—No me puedo quejar. ¿Tú?
—Tirando, ya sabes. ¿Haces algo el sábado?
—Ir a ver a Emily.
—¿Y después?
—Ni idea, ¿por?
—Tengo partido.
—Iré a verte, prometido.
A Jasper le encanta el fútbol, y a mí me llama su animadora personal, no hay partido suyo al que yo falte.
—Cuidado, se acerca Sophie —me dice.
—¡Hola, chicos! ¿Qué tal está Emily?
—¿Desde cuándo te importa Emily? La odias desde sexto curso.
—Me ofendes, Annie. Sólo quiero saber que tal está después del accidente, si ya se ha despertado, he oído que si lo hace no podrá recordar nada —, dice con falsa preocupación. Y es entonces cuando me doy cuenta.
—¿Dónde estabas aquel día?
—En la playa, ¿dónde iba a estar sino?
—¡Sabes perfectamente de lo que te hablo! ¿Dónde estabas cuando ella desapareció?
—Con Sam.
—¿Estás segura? Porque ni te vi a ti en esos momentos ni le vi a Sam.
—Vamos, Annie cálmate —, me dice Jas.
—¡No quiero calmarme! ¿Fuiste tú verdad?
—No sé de qué me estás hablando.
—Lo sabes perfectamente —digo con desprecio.
—Creo que el accidente te ha afectado demasiado. Preguntaré a los demás.
Y se marcha. Estoy segura de que ha sido ella, tiene que haber sido ella. Nadie más tendría la sangre tan fría como para hacer eso. ¿Cómo he podido ser tan idiota? Lo tenía delante de mis narices.
—¿Dónde está Jake?
—Supongo que estará llegando, sabes que siempre llega tarde.
—Tengo que ir a buscarle —digo nerviosa.
—¡Por Dios, Annie, relájate!
—Pero Jasper, Sophie… —digo comenzando a llorar.
—Hey, tranquila —me abraza—. Ya pasó, ¿vale? Tranquilízate y después me cuentas que pasa, ¿vale?
—¿Por qué haces eso? —me separó y me secó las lágrimas.
—¿El qué?
—Estar ahí siempre que te necesito, aunque no te lo diga.
—Porque me importas, es simple.
Sonríe y yo sonrío con él. Me encantan los hoyuelos que se le forman cuando lo hace. Se lo cuento todo, absolutamente todo, a él no puedo esconderle nada. Jasper escucha con calma cada una de mis palabras y cuando termino simplemente dice:
—Os ayudaré.


miércoles, 27 de junio de 2012

Hacia la luz azul. Capítulo 3

Hola soñadores^^ Os dejo por aquí el capítulo 3 de mi otro novela^^


Capítulo 3
—No —, dice uno de los policías, intentando calmarme.
—¿Qué le ha pasado? —grita Jake.
—Ha aparecido en unos matorrales cerca de una gran roca, fuera de la cala. Debió de subir por alguna razón y se internó en el bosque. Se debió de tropezar con algo y se dio contra la inmensa roca que tenía al lado. Cuando la encontramos le sangraba mucho la cabeza y estaba inconsciente, creemos que puede estar en ese estado desde ayer a las catorce horas. No está muerta, pero sí creemos que ha entrado en coma.
—¿Creéis? Yo también creía que la policía trabajaba protegiendo a la sociedad y mira por donde estaba equivocada.
—Ahí llega la ambulancia, si nos dejáis —, dice pidiéndonos el paso.
—Vamos con ella —, digo mientras estiro de Jake para que se levante.
*****
Hace horas que estamos en el hospital. He mandado un mensaje a algunos de los compañeros para que estén más tranquilos y nos han prometido venir en cuanto puedan escaquearse de clase o puedan. Algunos han ido hoy, otros, la gran mayoría, no. Para eso sí que somos como una gran familia; siempre estamos discutiendo, peleándonos entre nosotros, siendo la peor clase del mundo para todos nuestros profesores, pero cuando alguno de nosotros está mal ahí estamos todos para apoyarle. Es lo que más me gusta de mi grupo.
Los padres de Emily han venido con nosotros, ni siquiera me he dado cuenta de que estaban allí, la verdad. Y eso que llevan allí más tiempo que nosotros, han pasado dos días en la cala, desde que el profesor les llamó. Aún no puedo creerlo, he pasado horas enteras con ellos, incluso semanas y ni siquiera me he dado cuenta de que estaban con nosotros. Ahí es cuando veo lo preocupados que estábamos todos, que ni siquiera nos hemos fijado. Jake me ha dicho que él si se había dado cuenta, pero como los a padres de Emily no les cae bien no ha hecho nada por hablar con ellos. Siempre le han dicho a Emily que no les gusta, que es una mala compañía, pero ella nunca les ha hecho caso. Pobre Jake. Al menos los padres de Emily podrían haberle tratado mejor ahora, después de todo se han tenido que dar cuenta de que Jake jamás le haría daño a Emily. Pero no ha sido así, han puesto mala cara cuando les ha pedido que le dejasen un rato a solas con ella.
Ahora ellos se han ido a comer algo, aunque no creo que se alejen más allá de la cafetería del hospital. Jake y yo estamos solos en la habitación de Emily, no hacemos nada sólo la miramos y esperamos a que despierte. Después de un buen rato oímos como se abre la puerta; son nuestros compañeros de clase, todos sin excepción alguna.
—Hola, ¿cómo está la lagartija?
La lagartija. Así es como le dicen a veces a Emily porque siempre está buscando trozos de sol, como las lagartijas.
—Bueno, dormida. Pero ¿cómo habéis conseguido pasar? No es hora de visitas, a nosotros nos han dejado después de discutir y discutir y mentir diciendo que somos familia. Además no sabía que una persona pudiese recibir tantas visitas.
—Sí, bueno. Primero lo pedimos por favor, pero el chico que estaba ahí de segurata no nos quiso dejar entrar.
—Así es que le dijimos que era importante, que no nos iríamos de allí hasta ver a Emily y nos volvió a decir que no.
—Entonces cogió Mike, tan amable como siempre, y le amenazó para que nos dejase pasar. Le dijo que tendría serios problemas respiratorios si no nos dejaba pasar, ya sabéis como es.
—¡Eh, que yo soy buena persona!
—Yo no he dicho lo contrario, cariño. Bueno a lo que iba, que al parecer el segurata aprecia demasiado su vida y nos dejó pasar.
—Aunque nos pidió que no montásemos mucho escándalo.
—Y entonces Amy le dijo: oye, perdona, que nosotros cuando queremos sabemos comportarnos y por la lagartija lo que sea. Y el segurata se ha quedado con una cara…
—Ya veo, así que la habéis liado antes siquiera de entrar aquí.
—¡Bah! Lo de siempre —, dice Mike guiñándome un ojo—. Bueno, ¿qué han dicho los médicos?
—Está en coma, como podéis ver. Según la policía se debió de internar en el bosque por alguna razón, se tropezó con algo y se dio contra una roca. Los médicos dicen que si despierta puede que sufra amnesia, por el fuerte golpe en la cabeza. —Dice Jake.
Todos se acomodan como pueden en la habitación. No es que sea una habitación lo suficientemente grande como para alojar a treinta y dos personas. Al cabo de un rato de estar en silencio todos, esperando que ocurra un milagro. Aparece una enfermera que nos pregunta cómo narices hemos conseguido entrar todos aquí. Le contestamos que somos familia, pero no creo que cuele. Al final nos echa a todos a patadas, y con razón.
Nos refugiamos todos en el pasillo, decididos a no movernos hasta que la cosa mejore.
*****
—¿En qué piensas? —Me dice Jasper acercándose a mí y sentándose a mi lado.
—En que ella no lo hizo.
—Me temo que no te sigo.
—Emily. Ella no fue a ese bosque, se la llevaron.
—¿Quién haría algo semejante?
—No tengo ni la más remota idea, solo sé que ella no se iría sin avisar a nadie. Mucho menos después de decirle a Jake que iba a ver que hacíamos nosotros.
—Ya, si tienes razón. Pero no puedo ni quiero imaginar quién haría cosa semejante.
—No lo sé.
—¿Cuánto hace que no pegas bocado?
—Esta mañana me he comido una manzana.
—¿Esta mañana? Annie tienes que comer algo en seguida. ¡¿Pero qué pretendes?!  ¿Morirte de hambre, a ver si así se despierta?
—No tengo hambre, Jas.
—Me importa una mierda si tienes hambre o no. Vas a comer algo como que yo me llamo Jasper. Vamos —, dice tirando de mí para que me levante. Después parece pensárselo mejor—. ¿Y Jake?
—Ahí, sentado en aquella esquina. Lleva ahí desde que han vuelto los padres de Emily y le han mirado con mala cara. No sé porque le odian tanto.
—Yo sí lo sé, pero me refería a cuánto hace que él no come.
—¡Ah! Desde ayer por la noche, creo. Tampoco ha dormido mucho. Sé que ha hablado con su padre y le ha pedido que vaya a casa, pero se ha vuelto a negar.
—Vamos, anda. ¿Es que tengo que cuidaros a todos como si de niños pequeños se tratase? —, dice yendo hacia Jake—. Jake, vamos a la cafetería, por favor. Tienes que comer algo.
—Vale, pero sólo porque no puedo seguir discutiendo con mi estómago más rato.
—¿Por qué lo hacen? —pregunto yo después de un rato andando hacia la cafetería.
—¿Cómo?
—¿Por qué los padres de Emily odian tanto a Jake? Has dicho que tú sabías el porqué.
—Ah, eso. Porque según como lo ven ellos, Jake les está quitando a su pequeña. Todos los padres son iguales. No quieren que sus hijas tenga novio, porque eso significa que pronto se irá de casa y odiarán a todo aquel que intenté hacer que eso pase. En este caso Jake.
—¿Cómo iba yo a pretender eso? Que sólo tenemos dieciséis.
—Qué sé yo, pero lo más probable es que lo vean así.
—¿Quién te dijo eso?
—Mi padre, ya sabes en una de sus charlas.
—Sí, ya. Te las da a montones, ¿qué no?
Comemos y volvemos a la habitación de Emily, no sé porque tengo la sensación de que a partir de ahora viviré en este hospital. Espero equivocarme y que las cosas mejoren. Por el bien de todos más vale que sea así.
*****
Hace aproximadamente una semana que Emily está en coma. La visito a diario, es más todos vamos a diario. Hemos arreglado una especie de horario para poder ir todos y no crearle más problemas al segurata, el pobre ya ha pagado bastante por nuestra culpa. Nos ha dejado pasar durante dos días, casi ganándose su despido.
Mis padres me han obligado a volver al instituto, al igual que a Jake. Aunque no es que prestemos mucha atención en clase. Las cosas han cambiado, y mucho me temo que van a ir a peor como Emily no despierte pronto. Jake va cada vez peor, y yo tampoco es que vaya muy bien. A él se le ha formado una especie de mueca en la cara, nunca sonríe, no sale del hospital, no creo que vea siquiera la luz del sol. Casa instituto, instituto hospital, hospital casa, esa es su rutina diaria. Incluso ha empezado a visitar a un psicólogo. Conmigo lo intentaron, pero me negué en rotundo. No me va a ayudar el contarle mis problemas a una tía que no conozco de nada para recuperar a mi mejor amiga.
Yo por lo menos intento seguir mi vida, lo intento al menos. Claro que estoy destrozada por dentro, que yo tampoco sonrío, pero al menos intento salir por ahí, que me dé un poco el aire. Sé que es difícil, pero lo intento, los demás también lo intentan. Nos ayudamos a superarlo entre todos, pero Jake es el único que no nos deja ayudarle. Se ha cerrado en banda, prácticamente no habla con nadie. Sé que la cosa no puede seguir así, pero no sé que puedo hacer para arreglarlo. Tampoco es que sea culpa mía, ¡podría poner él también algo de su parte! Aunque está claro que no va a hacerlo.
Los médicos ya no nos cuentan nada nuevo, y la policía ha cerrado el caso. Claro como ya ha aparecido la chica cerramos el caso, ¿así funciona la cosa no? Pero es que no deberían haber cerrado el caso. ¡Ella no fue al bosque sola, joder! ¿Cuántas veces tengo que decirlo? ¿Es que nadie me escucha cuando hablo o qué? ¡Qué yo las cosas las digo por algo, no solo por molestar! Nadie me hace caso. Al final me va a tocar a mí averiguar quién narices lo hizo. Pero es que no se me ocurre nadie que tenga la sangre tan fría.
*****
Estoy en el hospital, acabo de llegar, pero cuando llego Jake ya está aquí. Está hablándole a Emily, suele hacerlo a menudo.
—¿Por qué me haces esto? ¡Me lo prometiste, joder! Vamos, tienes que despertarte, por favor. ¡Me lo prometiste!
Seis meses antes.
Estamos en una habitación de un albergue, de excursión. La habitación tiene el suelo de madera y las paredes pintadas de un amarillo palo. Montones de literas ocupan más de la mitad del espacio, y en el centro hay una mesa rectangular con montones de sillas.
Yo me acabó de duchar y subo a la habitación, que está en el piso de arriba. Emily aún sigue durmiendo. Me visto y me termino de asear.
—¿Adónde vamos hoy?
—Al parque de Calisto y Melibea —, me responden unas cuantas.
Me acerco a la cama de Emily.
—¡Hey, tú! ¿Pretendes levantarte o te vas a pasar ahí toda la mañana?
—Jo, es que nos acostamos muy tarde, además no soy la única que sigue durmiendo —, dice dándose media vuelta y tapándose con la manta.
—Ya, pero como no te des prisa y te duches ya, no llegas al desayuno.
—¿Qué hora es?
—Las ocho y cuarto.
—¡Pero si el desayuno es a las nueve! ¡Tengo tiempo de sobra!
—¿Pero es que no te apetece salir ya? ¿No has oído adónde vamos?
—Sí, vamos, tengo unas ganas de salir —, dice con tono irónico—. Pero es que no ves que no ha salido el sol. ¿Por qué me llamáis lagartija? Por lo mucho que me gusta el sol, así es que hasta que no salga el sol yo no salgo.
—¡Eres una cabezota! Vamos levántate —, le digo tirando de su manta—. Va, escúchame. Adivina a donde vamos hoy.
—Ay, no sé, que tengo sueño.
—¡Al parque de Calisto y Melibea!
—Vale, muy bien.
—¡Escúchame! Ese es uno de los sitios donde se cuelgan los candados de las parejas, ¿no me dices siempre que te encantaría poder poner tu nombre y el de Jake en un sitio de esos, pero que no puedes porque no hay ninguno cerca de casa? Pues ahora podéis ponerlo.
—¡No! —me dice emocionada—. Ahora sí que me levanto. ¡Nos vemos en el desayuno! —me grita mientras sale corriendo de la habitación.
*****
Estamos todos en el parque de Calisto y Melibea, con una guía turística que nos está explicando datos curiosos del parque y sus alrededores. Veo como Jake y Emily se alejan poco a poco.
—¿Has traído el candado?
—¿Cómo iba a olvidarlo? —dice sacándoselo del bolsillo y enseñándoselo.
—¡Eres el mejor! —, dice mientras le abraza—. ¿Lo ponemos aquí?
—Solo con una condición: que me prometas que no me dejarás solo nunca.
—Sí me lo prometes también tú a mí.
—Te lo prometo —, dice mientras pone el candado en el pozo que hay en el parque, junto a montañas y montañas de ellos.
—Te lo prometo —, dice ella cerrándolo y tirando la llave al fondo del pozo.
—Te quiero.
—Pero yo más. —Dice besándolo.
—¡Me prometiste que nunca me dejarías solo! Y no has cumplido tu palabra. —Dice rompiendo a llorar sobre ella.
—Jake —, digo entrando en la habitación.
—¿Cuánto rato llevas ahí?
—Acabo de llegar —, miento—. ¿Por qué?
—Por nada, no importa.
—Tengo que hablar contigo. He decidido que tengo que hacer yo algo, porque si no nadie lo hará, pero no puedo hacerlo sola. Tiene que ver con Emily. —Añado bajo su mirada interrogativa.




martes, 26 de junio de 2012

Las apariencias engañan: Capítulo 4

Hola señadores^^ Vengo a dejaros el capítulo 4 de las apariencias engañan.


Capitulo 4

En una casa de Ghillie Dhu
—Cariño, ha llamado la policía, creen que han encontrado una pista.
—Vamos, corre. —Dice cogiendo su bolso y su abrigo.
Salen por la puerta y cogen el ascensor para bajar al garaje. Jared conduce nervioso, pero contento de que se sepa algo. Llegan a comisaría y, sin perder ni un segundo, van a hablar con el comisario. Este les cuenta que ha llamado una señora diciendo que había visto como se la llevaban, era una anciana y no se había enterado de que era un secuestro.
—Hemos estado investigando y no hemos encontrado nada en el lugar que nos han dicho. Pero hemos revisado un par de papeles y su hija parece ser que no ha sido la única en ser secuestrada durante el último mes. En el último mes han desaparecido más de diez chicas, todas de la misma edad más o menos.
—Pero, ¿quién va a querer secuestrarlas?
—Eso no es todo. ¿Les suena de algo? —Dice enseñándoles una camiseta azul con una mariposa de color morado en el centro.
—Su camiseta… —Dice cogiéndola y abrazando a su mujer.
—Era su favorita… —Dice llorando—. La llevaba puesta cuando desapareció. ¿Por qué está llena de sangre?
—La hemos encontrado en una casa a las afueras de la ciudad. Suponemos que la maltrataban. ¿Están seguros que era suyo?
—Sí, es imposible que alguna chica que viviese aquí la tuviese también. Se la compramos en unas vacaciones.
—Bien, pues… Les llamaremos cuando sepamos algo más.
—¿Cómo que nos llamaran? ¡Quiero, exijo, que me digan ahora mismo donde esta mi niña! ¡Joder, que la han secuestrado y la están maltratando y pretende que me quede de brazos cruzados!
—Señora, hacemos lo que podemos. Estamos investigando la casa en la que ha aparecido la camiseta, pero está vacía. No quedaba nada salvo esta camiseta y algo de comida. Se han debido de olvidar de hacer desaparecer la camiseta. Ahora si me acompañan a la salida. —Dice indicándoles el camino con el brazo.
Rose y Jared volvieron a su casa, más destrozados si cabe, pero sabiendo algo más de su hija, por lo menos.
En una casa lejos de la de Sandra
Jake está discutiendo con su padre por haberle hecho mudarse otra vez de casa. “Siempre es la misma historia: cree que le va a pillar la pasma y ala, a la mierda con todo, nos mudamos y listo”, piensa. Unos “matones” están haciendo entrar a las quince chicas que tiene como rehenes en el grupo. Alguna que otra tiene algunas marcas muy feas de alguna paliza dada por intentar escaparse. Los “matones” las hacen pasar adentro, mientras, Jake sigue discutiendo con su padre para que las deje irse. Es algo habitual entre ellos dos, su padre es el jefe, “el pez gordo” de la operación y no está dispuesto a soltarlas, sin embargo Jake insiste e insiste para conseguir que lo haga y nunca desiste en su empeño. Cuando su padre ya está cansado de escucharlo le mete una paliza, como hace con cada persona que se interpone en su camino, y le hace callar. Pero Jake ya tiene dieciséis años, piensa largarse de ahí y mandarlo todo a la mierda, o eso pensaba hacer hasta que llego Sandra.
Desde que ella llegó Jake sabe que no puede irse, que tiene que quedarse ahí, con ella. No sabe cómo ni por qué, pero no puede dejarla ahí indefensa frente a su padre. Es un sentimiento que nunca antes había experimentado, tal vez tenga algo que ver que nunca antes ha tenido tanto trato con las rehenes como con Sandra, pero no puede apartarse de ella. Ni dejar que su padre le pegue sin hacer nada para evitarlo. La ve pasar junto al resto de rehenes y hace ademán de ir hacia ella, pero su padre le agarra del cuello.
—¡Escúchame miserable mocoso! Te guste o no soy tu padre y hasta que no cumplas la mayoría de edad harás lo que yo diga y cuando yo diga. ¡¿Está claro?!  —Dice sin soltarlo.
—No… no me dejas… respirar. —Dice entrecortado.
—¡¿Está claro?!
—¡SÍ!
—Bien. —Dice soltándolo—. Y ahora vete. Largo de aquí. ¡Y que no te vea acercarte a mis chicas!
Jake echa a correr hacia su habitación, se calza las deportivas y sale de la casa en dirección al monte. Es lo único que le calma, echar a correr hacia el monte y cuando ya ha subido lo suficientemente arriba, cuando ya nadie puede oírle: gritar con todas sus fuerzas como si su vida dependiese de ello.
Esa mañana en casa de Annie
Los padres de Annie se levantan y suben a la habitación de su hija a ver si ya ha vuelto. Pero la cama sigue vacía, al parecer aún no ha vuelto. Bajan a la cocina a mirar y, al tampoco encontrarla, la llaman.
—Hola, cariño. ¿Vas a quedarte a comer en casa de Emily?
—¿Emily?
—Sí, en la nota que nos dejaste anoche decías que te quedabas a dormir en casa de una tal Emily.
—¡Ostras, sí! ¿Puse Emily? Dios, que mal que estoy. —Dice disimulando y tratando de arreglarlo—. Emily es su hermana, yo estoy ahora con Kaitlyn que es con la que he dormido. No sé porque puse el nombre de su hermana. Bueno, pues sí, me voy a quedar a comer, es que… me quiere enseñar un par de cosas. Ya sabes lo que me cuesta hacer amigos, papi. No quiero desaprovechar la oportunidad.
—Bien, pues hasta esta tarde.
—Adiós, papi. Un beso para ti y otro para mami.
—¿Qué? ¿Se queda a comer o no?
—Sí, se queda y ponme un café haber si me despejo, que tengo una resaca… —Dice masajeándose la frente.


domingo, 24 de junio de 2012

Amigos

Hola soñadores^^ Por fin estoy oficialmente de vacaciones, libre de exámenes y con todo el tiempo que desee para escribir^^ Por ello y porque ya tenía abandonadillo el blog os traigo un nuevo relato corto:


Amigos
Era mi primer día de clase. Estaba nerviosa, es normal ¿no? Ni siquiera sabía dónde estaba mi clase.
Desayuné, me aseé, me vestí y me fui a clase. El día anterior me habían dado la combinación de mi nueva taquilla: la C05. Con el peso de todos aquellos malditos libros (¡Por Dios! ¿Cómo podían pesar tanto?) me encaminé hacia mi taquilla.
Apoyé los libros en el suelo, agradecida de poder dar un respiro a mis manos por fin, e introduje la combinación. Había empezado bien: ¡la dichosa taquilla no se abría!
—¡Mierda! ¡Dichosa taquilla! ¿Qué pasa que quieres contribuir a que llegue tarde en mi primer día? —le chillé enfurecida a la taquilla.
Un chico se me acercó por el pasillo. Era alto y musculoso. Su pelo de color castaño claro y con unos ojos color miel hipnotizantes.
—¿Necesitas ayuda?
—¿Eh? —dije aún hipnotizada.
—La taquilla. ¿Necesitas ayuda con la taquilla?
—Emmm…. Sí, gracias.
—Me llamo Peter, por cierto. ¿Eres nueva? Nunca te había visto por aquí. —Dijo mientras abría mi taquilla con un par de golpes.
—Sí, me acabo de mudar hace poco. Soy Sally.
—Encantado. Bueno esto ya está. No dejes cosas de mucho valor dentro, un par de años por aquí y aprendes que todas se abren con un par de golpes en el sitio adecuado. Yo hace años que olvidé la combinación de la mía —dijo con una sonrisa.
—Gracias, lo tendré en cuanta.
-Si tienes problemas solo di que eres amiga de Peter. Te ayudará, soy bastante conocido por aquí —dijo mientras se marchaba.
Sonreí mientras lo veía alejarse. Mi madre tenía razón: no me había costado tanto hacer amigos. Ojalá siempre fuera así.


domingo, 17 de junio de 2012

Disculpas.

Sí, lo sé llevo como cinco días sin subir nada. Pero resulta que estoy de exámenes y no puedo escribir u.u Por lo que aún estaré más tiempo sin subir nada. Os pido mil disculpas, pero para mi los estudios son lo primero y, por desgracia, me roban mucho tiempo. Espero terminar con ellos pronto. Un abrazo enorme y os pido perdón de nuevo.


martes, 12 de junio de 2012

Las apariencias engañan. Capítulo 3

Hola soñadores! Os dejo el capítulo 3 de una de mis novelas^^


Capitulo 3
Unas horas más tarde, en un parque de atracciones
Nuestros chicos esperan en la cola para entrar en la casa encantada. Annie tiene mucho miedo, no quiere entrar, pero no piensa quedar mal delante de los chicos. La cola se va acercando poco a poco y ya solo faltan cinco personas para que entren ellos.
—Raúl, ¿me prometes una cosa? —Dice con tono de súplica.
—Claro, pero, ¿qué te pasa? Estás muy pálida.
—No es nada, de verdad. Tú solo prométeme que vas a evitar que salga corriendo.
—¿Tiene miedo la niña? —Dice Lucas con tono burlón—. Vamos anda, nos toca. Ven. —Dice ofreciéndole su mano.
Annie le saca la lengua y no la acepta. Raúl también se la ofrece y esta vez sí la acepta. Entran dentro de la casa y se suben al tren que les llevará por toda la casa en su recorrido. Annie se sienta en medio de los dos chicos. El tren es el típico que es como una montaña rusa por toda una casa. Lucas se lo pasa como un niño pequeño, mientras que Annie pasa tanto miedo que acaba escondida entre los brazos de Raúl que le susurra palabras tranquilizantes como: “tranquila, ya pronto acaba, o ya falta poco”. Después de ir a la casa Annie les invita a su casa, ya que sus padres han salido de cena.
En casa de Annie Lucas y Raúl se sientan en el sofá, mientras que Annie va a la cocina a por algo de beber.
—Podéis encender la tele si queréis ¿eh? —Dice desde la cocina—. ¿Qué queréis tomar?
—Yo lo que sea, no tengo mucha sed, la verdad.
—¡Oído cocina! —Dice volviendo con tres coca-colas—. Lucas anda enciende la tele que ya os he dicho que podéis hacerlo.
—Claro, esto… —Dice dudando de cómo encenderla.
—Tienes el mando ahí. —Dice señalando un mando negro.
—Ah, vale. Pues… la enciendo. —Dice mientras mira y remira el mando.
“Como narices se encenderá este cacharro”, piensa.
—Hijo mío, dale al botón rojo.
—Joder lo podrías haber dicho antes. —Dice pulsándolo.
—Hijo, es que es de cajón, vamos.
—Oye pues yo que sabía.
—Nunca has usado una televisión o ¿qué?
—Es que venimos de un pueblo… que esto también es un pueblo, pero el nuestro era más pequeño… osea que era un pueblo, pero no como este y… es que allí no se usa esta… ¿Cómo la has llamado?
—Televisión, ¿no?
—¿Sí?, pues no lo sabía. ¡Me lo podríais haber dicho, hombre!
—Ya… es que no se nos ocurrió.
Annie puso una película en la televisión y pasaron el resto de la noche viéndola. Cuando terminó Lucas volvió a la carga:
—¿Por qué no vamos a tomar algo?
—¿Ahora? Si son las once de la noche.
—Annie tiene razón, es tarde.
—Venga, no me seáis quisquillosos. ¿Qué pasa que os da miedo la oscuridad?
—¡Vale! No sé como ostias lo haces pero siempre me convences, vamos anda. —Dice Annie apagando la televisión y cogiendo un abrigo y las llaves.
Lucas los llevó hasta un bar y se sentaron en una de las mesas libres.
—Voy yo a pedir, ¿qué queréis?
—Una coca-cola.
— ¡Si te acabas de tomar una! Yo quiero… no sé, sorpréndeme.
—Ya lo sé, pero me gusta.
—Bien, una coca-cola y una sorpresa. Apuntado. —Dice alejándose.
Al rato vuelve con la coca-cola y dos vasos que también parecen coca-cola.
—¿Qué has pedido para ti y para Lucas? ¿Otra coca-cola?
—No, esto es vodka con coca-cola. Ten. —Dice poniéndoselo a Raúl delante.
—¿Y te lo han vendido? Quiero decir que somos menores y se supone que te piden el carné. Aún nos queda un año.
—Pues a mí no me lo han pedido. —Dice enseñando una sonrisa de perfilados dientes blancos que a cualquier chica derretiría.
—Pues dame un traguito. —Dice quitándole el vaso.
—No, no, este es mío. —Dice apartándoselo.
—Ten, bebe del mío.
Pasaron el resto de la noche así, tomando algo. Pero, por desgracia, perdieron la cuenta y se pasaron un poco. Raúl no había bebido casi, pero Lucas estaba muy borracho. No podían llevar a Annie a su casa así, así es que volvieron a casa de Annie con la esperanza de que sus padres no hubiesen vuelto. Y como tuvieron suerte entraron en la casa y les dejaron una nota a los padres de Annie de parte de Annie, con la esperanza de que se lo tragaran. Después llevaron a Annie hasta su casa y cada uno se acostó en su habitación. Annie en la de invitados.
A la mañana siguiente en la casa del ángel
Annie se despierta. Tiene un fuerte dolor de cabeza y no recuerda nada. “¿Dónde estoy? Y, ¿cómo he llegado hasta aquí?”, piensa. Se da la vuelta para levantarse y mirar donde está. Pero cambia totalmente de parecer al ver a Lucas tumbado a su lado.
—Buenos días, princesa.
—¿Qué pasó anoche? —Pregunta ya totalmente despierta.

domingo, 10 de junio de 2012

Carta de Suicidio

Hola soñadores! Se me ha ocurrido este relato hace un ratillo. ¿Qué os parece?



Carta de suicidio
Lo siento. Lo siento tanto. Pero ya no puedo más. He de hacerlo por mí. Ya no puedo seguir así más tiempo. Realmente necesito hacerlo. Mama, Papá: gracias. Gracias por todo. Gracias por no haberos rendido nunca. Gracias por no haberme dejado, aún incluso después de tres años sigo viendo como lucháis por mí en las noticias. Gracias. Mi pequeño Michael, gracias por todos esos momentos inolvidables. Gracias por las risas, las travesuras, las bromas… Me hacías reír como una loca, tanto que hasta me dolía la tripa. Solo tú conseguías hacerlo. Y no sabes cuánto, no puedes llegar a imaginarte, cuánto te echo de menos. Estoy segura de que tú también sigues buscándome en cada rincón, debajo de cada piedra, o incluso en los lugares más insospechados y te doy las gracias. Por favor cuida mucho de mis padres. Necesitan a alguien que los cuide. Alguien que ayude a que no se derrumben más todavía. Nunca antes te he pedido nada, por favor, creo que me lo debes. ¡Hey, no llores Gwen! Yo también te quiero mucho. ¿Te acuerdas de aquel día que pasamos de acampada? Te prometí que nunca, pasase lo que pasase te iba a dejar sola y no lo he hecho. Siempre he estado a tu lado, protegiéndote y seguiré haciéndolo cuando me haya ido. Nunca me olvides, por favor. Yo no lo haré. Tyler y Lily, mis pequeños mellis mellis. Prometedme que pase lo que pase siempre, y repito siempre, seréis igual de impulsivos y de revoltosos. No cambiéis nunca ¿de acuerdo? Os quiero mucho, mucho, mucho, mucho. Ronald, ¿qué me queda por decirte? Si ya te lo he dicho todo. No hay una sola cosa que no sepas de mí. Y viceversa. So lo que me estás pidiendo en estos momentos: «No lo hagas, por favor». Pero he de hacerlo.
Antes de dejaros quiero que sepáis lo que me pasó. Me secuestraron, aunque eso ya lo sabéis, me violaron, me maltrataron casi a diario. Mi cuerpo se ha vuelto de un tono verdoso a causa de las innumerables heridas. Incluso he sufrido quemaduras. Sí, se han divertido torturándome, han llegado incluso a intentar quemarme viva. Y ya no puedo más. No sé si esta carta os llegará o si no, pero al menso sé que lo he intentado. No quiero olvidarme de nadie. Charlie, cuida mucho de Miley supongo que aún no te lo habrá dicho, te quiere demasiado, pero está enferma, muy enferma. Los médicos dijeron que no había cura para su enfermedad. Te pido un único favor, haz que pase los mejores años de toda su vida hasta que muera, ¿lo harás por mí? Kate, has sido mi mejor amiga desde siempre. Estoy segura de que eres una de las personas que más se ha esforzado en buscarme. Quiero que sepas que siempre has sido para mí como una hermana. Quiero que te quedes mi falda blanca, sé lo mucho que te gustaba. Josh, Josh, Josh nunca te lo he dicho pero te quiero, te he querido más que a nadie en el mundo. El día que tuviste que marcharte y discutimos se me cayó el mundo encima. Se feliz, se feliz aunque yo no esté, aunque no sea conmigo, pero se feliz, por favor. Ya me he alargado demasiado. Voy a intentar haceros llegar esta carta y después voy a intentar matarme y no voy a parar hasta conseguirlo. Os quiero, os quiero más que nada ni nadie.
Os envía un abrazo eterno:
Sally.







Errores


Errores
¿En qué estaría yo pensando? ¡No pensaba! Está claro. Pero, ¿qué he hecho? ¿Cómo he podido hacerle eso? Es mi mejor amiga o lo era hasta esta mañana al menos. Ahora ya no querrá serlo, la he traicionado. También ella tiene parte de culpa, ¡qué narices! Si yo intento olvidarlo… y ella no para de hablarme de él. ¿Qué podía hacer?
Supongo que os preguntaréis de qué leñes hablo. Os lo explicaré, todo empezó esta mañana. Yo caminaba hacia el colegio y lo vi. Harry, el novio de mi mejor amiga. Castaño, alto, unos ojos azules que hacen que te pierdas en ellos y cuando sonríe consigue que te derritas. Vamos todo un cañonazo como se diría hoy en día entre adolescentes. Llevo mucho tiempo pillada por él, pero está saliendo con mi mejor amiga y no puedo hacer nada más que olvidarlo. Aunque el que ella no pare de hablarme de él no ayuda.
Se acercó a mí y me preguntó si podíamos hablar, que tenía un problema con Vicky.
—Claro —le contesté perdiéndome en su mirada.
Me alejó un poco de la gente. Era la víspera de San Valentín por lo que pensé que su problema era que no sabía que comprarle a Vi.
—¿Qué sucede? —le pregunté. Parecía un poco nervioso.
Entonces lo hizo. Me besó y lo peor de todo es que yo no lo aparté. No sé en qué estaba pensando, bueno sí. No pensaba.
Oí unos libros caer al suelo a mis espaldas y me giré. Vi estaba detrás nuestro y nos miraba horrorizada. Me pegó una bofetada y yo ni siquiera me moví. Me la merecía. Nunca me perdonará, yo no lo haría. Jamás me perdonaría  haber sido tan estúpida.



viernes, 8 de junio de 2012

Apadrina un Blog

Hola soñadores! Hoy vengo a hablaros de esta maravillosa iniciativa a la que pienso apuntarme. Ya estoy apuntada con otro blog que tengo (literario) pero en ese soy madrina y en este voy a ser ahijada, por el momento. La cosa se trata de que los blogs con muchos seguidores apadrinen a los blogs con menos seguidores y que por tanto son menos conocidos y les apoyen para que más gente los conozco^^ La idea se les ocurrió a Silvia y Cotito, de Detrás del Libro  y Leyendo entre letras. Si queréis apoyar a los blogs menos conocidos que los vuestros o pedir ayuda para que os apoyen no dudéis en pasaros por allí :) Hacer clic en el banner para llegar a la entrada.



Besines^^