miércoles, 27 de junio de 2012

Hacia la luz azul. Capítulo 3

Hola soñadores^^ Os dejo por aquí el capítulo 3 de mi otro novela^^


Capítulo 3
—No —, dice uno de los policías, intentando calmarme.
—¿Qué le ha pasado? —grita Jake.
—Ha aparecido en unos matorrales cerca de una gran roca, fuera de la cala. Debió de subir por alguna razón y se internó en el bosque. Se debió de tropezar con algo y se dio contra la inmensa roca que tenía al lado. Cuando la encontramos le sangraba mucho la cabeza y estaba inconsciente, creemos que puede estar en ese estado desde ayer a las catorce horas. No está muerta, pero sí creemos que ha entrado en coma.
—¿Creéis? Yo también creía que la policía trabajaba protegiendo a la sociedad y mira por donde estaba equivocada.
—Ahí llega la ambulancia, si nos dejáis —, dice pidiéndonos el paso.
—Vamos con ella —, digo mientras estiro de Jake para que se levante.
*****
Hace horas que estamos en el hospital. He mandado un mensaje a algunos de los compañeros para que estén más tranquilos y nos han prometido venir en cuanto puedan escaquearse de clase o puedan. Algunos han ido hoy, otros, la gran mayoría, no. Para eso sí que somos como una gran familia; siempre estamos discutiendo, peleándonos entre nosotros, siendo la peor clase del mundo para todos nuestros profesores, pero cuando alguno de nosotros está mal ahí estamos todos para apoyarle. Es lo que más me gusta de mi grupo.
Los padres de Emily han venido con nosotros, ni siquiera me he dado cuenta de que estaban allí, la verdad. Y eso que llevan allí más tiempo que nosotros, han pasado dos días en la cala, desde que el profesor les llamó. Aún no puedo creerlo, he pasado horas enteras con ellos, incluso semanas y ni siquiera me he dado cuenta de que estaban con nosotros. Ahí es cuando veo lo preocupados que estábamos todos, que ni siquiera nos hemos fijado. Jake me ha dicho que él si se había dado cuenta, pero como los a padres de Emily no les cae bien no ha hecho nada por hablar con ellos. Siempre le han dicho a Emily que no les gusta, que es una mala compañía, pero ella nunca les ha hecho caso. Pobre Jake. Al menos los padres de Emily podrían haberle tratado mejor ahora, después de todo se han tenido que dar cuenta de que Jake jamás le haría daño a Emily. Pero no ha sido así, han puesto mala cara cuando les ha pedido que le dejasen un rato a solas con ella.
Ahora ellos se han ido a comer algo, aunque no creo que se alejen más allá de la cafetería del hospital. Jake y yo estamos solos en la habitación de Emily, no hacemos nada sólo la miramos y esperamos a que despierte. Después de un buen rato oímos como se abre la puerta; son nuestros compañeros de clase, todos sin excepción alguna.
—Hola, ¿cómo está la lagartija?
La lagartija. Así es como le dicen a veces a Emily porque siempre está buscando trozos de sol, como las lagartijas.
—Bueno, dormida. Pero ¿cómo habéis conseguido pasar? No es hora de visitas, a nosotros nos han dejado después de discutir y discutir y mentir diciendo que somos familia. Además no sabía que una persona pudiese recibir tantas visitas.
—Sí, bueno. Primero lo pedimos por favor, pero el chico que estaba ahí de segurata no nos quiso dejar entrar.
—Así es que le dijimos que era importante, que no nos iríamos de allí hasta ver a Emily y nos volvió a decir que no.
—Entonces cogió Mike, tan amable como siempre, y le amenazó para que nos dejase pasar. Le dijo que tendría serios problemas respiratorios si no nos dejaba pasar, ya sabéis como es.
—¡Eh, que yo soy buena persona!
—Yo no he dicho lo contrario, cariño. Bueno a lo que iba, que al parecer el segurata aprecia demasiado su vida y nos dejó pasar.
—Aunque nos pidió que no montásemos mucho escándalo.
—Y entonces Amy le dijo: oye, perdona, que nosotros cuando queremos sabemos comportarnos y por la lagartija lo que sea. Y el segurata se ha quedado con una cara…
—Ya veo, así que la habéis liado antes siquiera de entrar aquí.
—¡Bah! Lo de siempre —, dice Mike guiñándome un ojo—. Bueno, ¿qué han dicho los médicos?
—Está en coma, como podéis ver. Según la policía se debió de internar en el bosque por alguna razón, se tropezó con algo y se dio contra una roca. Los médicos dicen que si despierta puede que sufra amnesia, por el fuerte golpe en la cabeza. —Dice Jake.
Todos se acomodan como pueden en la habitación. No es que sea una habitación lo suficientemente grande como para alojar a treinta y dos personas. Al cabo de un rato de estar en silencio todos, esperando que ocurra un milagro. Aparece una enfermera que nos pregunta cómo narices hemos conseguido entrar todos aquí. Le contestamos que somos familia, pero no creo que cuele. Al final nos echa a todos a patadas, y con razón.
Nos refugiamos todos en el pasillo, decididos a no movernos hasta que la cosa mejore.
*****
—¿En qué piensas? —Me dice Jasper acercándose a mí y sentándose a mi lado.
—En que ella no lo hizo.
—Me temo que no te sigo.
—Emily. Ella no fue a ese bosque, se la llevaron.
—¿Quién haría algo semejante?
—No tengo ni la más remota idea, solo sé que ella no se iría sin avisar a nadie. Mucho menos después de decirle a Jake que iba a ver que hacíamos nosotros.
—Ya, si tienes razón. Pero no puedo ni quiero imaginar quién haría cosa semejante.
—No lo sé.
—¿Cuánto hace que no pegas bocado?
—Esta mañana me he comido una manzana.
—¿Esta mañana? Annie tienes que comer algo en seguida. ¡¿Pero qué pretendes?!  ¿Morirte de hambre, a ver si así se despierta?
—No tengo hambre, Jas.
—Me importa una mierda si tienes hambre o no. Vas a comer algo como que yo me llamo Jasper. Vamos —, dice tirando de mí para que me levante. Después parece pensárselo mejor—. ¿Y Jake?
—Ahí, sentado en aquella esquina. Lleva ahí desde que han vuelto los padres de Emily y le han mirado con mala cara. No sé porque le odian tanto.
—Yo sí lo sé, pero me refería a cuánto hace que él no come.
—¡Ah! Desde ayer por la noche, creo. Tampoco ha dormido mucho. Sé que ha hablado con su padre y le ha pedido que vaya a casa, pero se ha vuelto a negar.
—Vamos, anda. ¿Es que tengo que cuidaros a todos como si de niños pequeños se tratase? —, dice yendo hacia Jake—. Jake, vamos a la cafetería, por favor. Tienes que comer algo.
—Vale, pero sólo porque no puedo seguir discutiendo con mi estómago más rato.
—¿Por qué lo hacen? —pregunto yo después de un rato andando hacia la cafetería.
—¿Cómo?
—¿Por qué los padres de Emily odian tanto a Jake? Has dicho que tú sabías el porqué.
—Ah, eso. Porque según como lo ven ellos, Jake les está quitando a su pequeña. Todos los padres son iguales. No quieren que sus hijas tenga novio, porque eso significa que pronto se irá de casa y odiarán a todo aquel que intenté hacer que eso pase. En este caso Jake.
—¿Cómo iba yo a pretender eso? Que sólo tenemos dieciséis.
—Qué sé yo, pero lo más probable es que lo vean así.
—¿Quién te dijo eso?
—Mi padre, ya sabes en una de sus charlas.
—Sí, ya. Te las da a montones, ¿qué no?
Comemos y volvemos a la habitación de Emily, no sé porque tengo la sensación de que a partir de ahora viviré en este hospital. Espero equivocarme y que las cosas mejoren. Por el bien de todos más vale que sea así.
*****
Hace aproximadamente una semana que Emily está en coma. La visito a diario, es más todos vamos a diario. Hemos arreglado una especie de horario para poder ir todos y no crearle más problemas al segurata, el pobre ya ha pagado bastante por nuestra culpa. Nos ha dejado pasar durante dos días, casi ganándose su despido.
Mis padres me han obligado a volver al instituto, al igual que a Jake. Aunque no es que prestemos mucha atención en clase. Las cosas han cambiado, y mucho me temo que van a ir a peor como Emily no despierte pronto. Jake va cada vez peor, y yo tampoco es que vaya muy bien. A él se le ha formado una especie de mueca en la cara, nunca sonríe, no sale del hospital, no creo que vea siquiera la luz del sol. Casa instituto, instituto hospital, hospital casa, esa es su rutina diaria. Incluso ha empezado a visitar a un psicólogo. Conmigo lo intentaron, pero me negué en rotundo. No me va a ayudar el contarle mis problemas a una tía que no conozco de nada para recuperar a mi mejor amiga.
Yo por lo menos intento seguir mi vida, lo intento al menos. Claro que estoy destrozada por dentro, que yo tampoco sonrío, pero al menos intento salir por ahí, que me dé un poco el aire. Sé que es difícil, pero lo intento, los demás también lo intentan. Nos ayudamos a superarlo entre todos, pero Jake es el único que no nos deja ayudarle. Se ha cerrado en banda, prácticamente no habla con nadie. Sé que la cosa no puede seguir así, pero no sé que puedo hacer para arreglarlo. Tampoco es que sea culpa mía, ¡podría poner él también algo de su parte! Aunque está claro que no va a hacerlo.
Los médicos ya no nos cuentan nada nuevo, y la policía ha cerrado el caso. Claro como ya ha aparecido la chica cerramos el caso, ¿así funciona la cosa no? Pero es que no deberían haber cerrado el caso. ¡Ella no fue al bosque sola, joder! ¿Cuántas veces tengo que decirlo? ¿Es que nadie me escucha cuando hablo o qué? ¡Qué yo las cosas las digo por algo, no solo por molestar! Nadie me hace caso. Al final me va a tocar a mí averiguar quién narices lo hizo. Pero es que no se me ocurre nadie que tenga la sangre tan fría.
*****
Estoy en el hospital, acabo de llegar, pero cuando llego Jake ya está aquí. Está hablándole a Emily, suele hacerlo a menudo.
—¿Por qué me haces esto? ¡Me lo prometiste, joder! Vamos, tienes que despertarte, por favor. ¡Me lo prometiste!
Seis meses antes.
Estamos en una habitación de un albergue, de excursión. La habitación tiene el suelo de madera y las paredes pintadas de un amarillo palo. Montones de literas ocupan más de la mitad del espacio, y en el centro hay una mesa rectangular con montones de sillas.
Yo me acabó de duchar y subo a la habitación, que está en el piso de arriba. Emily aún sigue durmiendo. Me visto y me termino de asear.
—¿Adónde vamos hoy?
—Al parque de Calisto y Melibea —, me responden unas cuantas.
Me acerco a la cama de Emily.
—¡Hey, tú! ¿Pretendes levantarte o te vas a pasar ahí toda la mañana?
—Jo, es que nos acostamos muy tarde, además no soy la única que sigue durmiendo —, dice dándose media vuelta y tapándose con la manta.
—Ya, pero como no te des prisa y te duches ya, no llegas al desayuno.
—¿Qué hora es?
—Las ocho y cuarto.
—¡Pero si el desayuno es a las nueve! ¡Tengo tiempo de sobra!
—¿Pero es que no te apetece salir ya? ¿No has oído adónde vamos?
—Sí, vamos, tengo unas ganas de salir —, dice con tono irónico—. Pero es que no ves que no ha salido el sol. ¿Por qué me llamáis lagartija? Por lo mucho que me gusta el sol, así es que hasta que no salga el sol yo no salgo.
—¡Eres una cabezota! Vamos levántate —, le digo tirando de su manta—. Va, escúchame. Adivina a donde vamos hoy.
—Ay, no sé, que tengo sueño.
—¡Al parque de Calisto y Melibea!
—Vale, muy bien.
—¡Escúchame! Ese es uno de los sitios donde se cuelgan los candados de las parejas, ¿no me dices siempre que te encantaría poder poner tu nombre y el de Jake en un sitio de esos, pero que no puedes porque no hay ninguno cerca de casa? Pues ahora podéis ponerlo.
—¡No! —me dice emocionada—. Ahora sí que me levanto. ¡Nos vemos en el desayuno! —me grita mientras sale corriendo de la habitación.
*****
Estamos todos en el parque de Calisto y Melibea, con una guía turística que nos está explicando datos curiosos del parque y sus alrededores. Veo como Jake y Emily se alejan poco a poco.
—¿Has traído el candado?
—¿Cómo iba a olvidarlo? —dice sacándoselo del bolsillo y enseñándoselo.
—¡Eres el mejor! —, dice mientras le abraza—. ¿Lo ponemos aquí?
—Solo con una condición: que me prometas que no me dejarás solo nunca.
—Sí me lo prometes también tú a mí.
—Te lo prometo —, dice mientras pone el candado en el pozo que hay en el parque, junto a montañas y montañas de ellos.
—Te lo prometo —, dice ella cerrándolo y tirando la llave al fondo del pozo.
—Te quiero.
—Pero yo más. —Dice besándolo.
—¡Me prometiste que nunca me dejarías solo! Y no has cumplido tu palabra. —Dice rompiendo a llorar sobre ella.
—Jake —, digo entrando en la habitación.
—¿Cuánto rato llevas ahí?
—Acabo de llegar —, miento—. ¿Por qué?
—Por nada, no importa.
—Tengo que hablar contigo. He decidido que tengo que hacer yo algo, porque si no nadie lo hará, pero no puedo hacerlo sola. Tiene que ver con Emily. —Añado bajo su mirada interrogativa.




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