martes, 12 de junio de 2012

Las apariencias engañan. Capítulo 3

Hola soñadores! Os dejo el capítulo 3 de una de mis novelas^^


Capitulo 3
Unas horas más tarde, en un parque de atracciones
Nuestros chicos esperan en la cola para entrar en la casa encantada. Annie tiene mucho miedo, no quiere entrar, pero no piensa quedar mal delante de los chicos. La cola se va acercando poco a poco y ya solo faltan cinco personas para que entren ellos.
—Raúl, ¿me prometes una cosa? —Dice con tono de súplica.
—Claro, pero, ¿qué te pasa? Estás muy pálida.
—No es nada, de verdad. Tú solo prométeme que vas a evitar que salga corriendo.
—¿Tiene miedo la niña? —Dice Lucas con tono burlón—. Vamos anda, nos toca. Ven. —Dice ofreciéndole su mano.
Annie le saca la lengua y no la acepta. Raúl también se la ofrece y esta vez sí la acepta. Entran dentro de la casa y se suben al tren que les llevará por toda la casa en su recorrido. Annie se sienta en medio de los dos chicos. El tren es el típico que es como una montaña rusa por toda una casa. Lucas se lo pasa como un niño pequeño, mientras que Annie pasa tanto miedo que acaba escondida entre los brazos de Raúl que le susurra palabras tranquilizantes como: “tranquila, ya pronto acaba, o ya falta poco”. Después de ir a la casa Annie les invita a su casa, ya que sus padres han salido de cena.
En casa de Annie Lucas y Raúl se sientan en el sofá, mientras que Annie va a la cocina a por algo de beber.
—Podéis encender la tele si queréis ¿eh? —Dice desde la cocina—. ¿Qué queréis tomar?
—Yo lo que sea, no tengo mucha sed, la verdad.
—¡Oído cocina! —Dice volviendo con tres coca-colas—. Lucas anda enciende la tele que ya os he dicho que podéis hacerlo.
—Claro, esto… —Dice dudando de cómo encenderla.
—Tienes el mando ahí. —Dice señalando un mando negro.
—Ah, vale. Pues… la enciendo. —Dice mientras mira y remira el mando.
“Como narices se encenderá este cacharro”, piensa.
—Hijo mío, dale al botón rojo.
—Joder lo podrías haber dicho antes. —Dice pulsándolo.
—Hijo, es que es de cajón, vamos.
—Oye pues yo que sabía.
—Nunca has usado una televisión o ¿qué?
—Es que venimos de un pueblo… que esto también es un pueblo, pero el nuestro era más pequeño… osea que era un pueblo, pero no como este y… es que allí no se usa esta… ¿Cómo la has llamado?
—Televisión, ¿no?
—¿Sí?, pues no lo sabía. ¡Me lo podríais haber dicho, hombre!
—Ya… es que no se nos ocurrió.
Annie puso una película en la televisión y pasaron el resto de la noche viéndola. Cuando terminó Lucas volvió a la carga:
—¿Por qué no vamos a tomar algo?
—¿Ahora? Si son las once de la noche.
—Annie tiene razón, es tarde.
—Venga, no me seáis quisquillosos. ¿Qué pasa que os da miedo la oscuridad?
—¡Vale! No sé como ostias lo haces pero siempre me convences, vamos anda. —Dice Annie apagando la televisión y cogiendo un abrigo y las llaves.
Lucas los llevó hasta un bar y se sentaron en una de las mesas libres.
—Voy yo a pedir, ¿qué queréis?
—Una coca-cola.
— ¡Si te acabas de tomar una! Yo quiero… no sé, sorpréndeme.
—Ya lo sé, pero me gusta.
—Bien, una coca-cola y una sorpresa. Apuntado. —Dice alejándose.
Al rato vuelve con la coca-cola y dos vasos que también parecen coca-cola.
—¿Qué has pedido para ti y para Lucas? ¿Otra coca-cola?
—No, esto es vodka con coca-cola. Ten. —Dice poniéndoselo a Raúl delante.
—¿Y te lo han vendido? Quiero decir que somos menores y se supone que te piden el carné. Aún nos queda un año.
—Pues a mí no me lo han pedido. —Dice enseñando una sonrisa de perfilados dientes blancos que a cualquier chica derretiría.
—Pues dame un traguito. —Dice quitándole el vaso.
—No, no, este es mío. —Dice apartándoselo.
—Ten, bebe del mío.
Pasaron el resto de la noche así, tomando algo. Pero, por desgracia, perdieron la cuenta y se pasaron un poco. Raúl no había bebido casi, pero Lucas estaba muy borracho. No podían llevar a Annie a su casa así, así es que volvieron a casa de Annie con la esperanza de que sus padres no hubiesen vuelto. Y como tuvieron suerte entraron en la casa y les dejaron una nota a los padres de Annie de parte de Annie, con la esperanza de que se lo tragaran. Después llevaron a Annie hasta su casa y cada uno se acostó en su habitación. Annie en la de invitados.
A la mañana siguiente en la casa del ángel
Annie se despierta. Tiene un fuerte dolor de cabeza y no recuerda nada. “¿Dónde estoy? Y, ¿cómo he llegado hasta aquí?”, piensa. Se da la vuelta para levantarse y mirar donde está. Pero cambia totalmente de parecer al ver a Lucas tumbado a su lado.
—Buenos días, princesa.
—¿Qué pasó anoche? —Pregunta ya totalmente despierta.

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