jueves, 18 de octubre de 2012

Las apariencias engañan: Capítulo 7

Hola soñadores!!! Hoy vengo con el capítulo siguiente que os dije^^ Ya tengo hasta el nueve listos pero estoy viendo que si los subo muy seguido me va a volver a pillar el toro. Por lo que vamos a hacer una cosa hoy os voy a dejar el siete y si veo que tenéis muchas ganas de leer el capítulo 8, el sábado os lo traeré. Si, por el contrario, veo que os la repanchiga (perdón por la expresión u.u). No lo subiré hasta el martes o.... hasta que me apetezca. Porque como sabéis yo me desanimo pronto si veo que no llama la atención y me parece que no gusta nada de nada... y es que si a nadie le gustaría seguir leyéndolo ¿para qué lo voy a subir? Lo escribo y me lo quedo para mí solita ¡Qué leches!


Capitulo 7

En casa de un ángel y un demonio unas horas antes


L
ucas y Raúl acaban de ver como Annie salía de su casa dando un fuerte portazo.
—¡Dios! ¿Sabes lo que más me jode de todo esto?
—¿Qué has herido a una buena persona? ¿Qué le has utilizado? ¿Qué va a sufrir como nadie?
—No. No es tan buena persona, quiero decir, lo que más me jode es que encima nos ha robado una toalla. —Dice poniendo cara de cómo si estuviese realmente ofendido.
—Mira, prefiero no contestarte. Voy a desayunar. —Dice desganado.


A la mañana siguiente en casa de Sandra


Los padres de Sandra desayunan en silencio en la cocina. De repente suena el timbre. Los dos se miran, no esperaban a nadie. “Quizás sea la policía”, piensa ella. El timbre vuelve a sonar.
—Ya voy yo.
Se dirige hacia la puerta de casa y abre sin preguntar quién es, ni mirar siquiera. Pero se lleva una decepción al ver que quien les ha timbrado no ha sido la policía, si no una chica de aproximadamente la misma edad que su hija.
—Hola, esto… ¿es usted la madre de Sandra?
—Sí, ¿por qué? ¿Han averiguado algo más? ¿Y por qué te envían a ti a decírmelo? ¿No eres un poco joven?
—No, quiero decir sí. Bueno la verdad es que yo venía porque… Estoy preocupada por Sandra —dice improvisando—. En el instituto no nos quieren decir nada. Sólo nos han dicho que ha sido secuestrada y… sé que para usted no debe de ser plato de buen gusto hablar de ello, pero pensé que quizás usted podría decirme algo más.
—Está bien. Pasa —dice dejándole paso hacía dentro.

Annie entra dentro de la casa. Las paredes están pintadas de un naranja claro y el suelo está hecho de mármol. Rose le dirige hacia el salón y le ofrece asiento.
—¿Quieres algo para tomar? ¿Café, té…?
—Sí, un café con leche estaría bien, si no es mucha molestia.
—No, claro que no. Cariño, ¿puedes venir al salón? —Dice hacia la cocina—. Y trae dos cafés con leche.
Al poco rato Jared va al salón con los dos cafés, los ofrece y se sienta.
—Muchas gracias, querido —dice cogiendo la taza que este le ofrece—. Esta es Annie una compañera de Sandra. Estaba preocupada porque en el colegio no les cuentan gran cosa.
—¡Y, ¿qué es lo que quiere?! —Dice explotando—. A nosotros tampoco nos cuentan gran cosa. Lo único que sabemos es que nuestra hija, nuestra única hija, nuestra niña, ha sido secuestrada, que la tenían encerrada en una casa a las afueras de la ciudad, donde al parecer la maltrataban y, por si eso no fuera poco, ahora la han arrastrado a otra casa, cuando esos cabronazos han visto el peligro venir. Bueno, y que no es la única chica de su edad que ha sido secuestrada este año.
—Y, ¿no saben dónde está esa casa? ¿Solo saben que está a las afueras de la ciudad? No quiero parecer impertinente, pero quizás si lo supieran podrían relacionar datos y averiguar algo más. Aunque quizá me estoy metiendo donde no me llaman.
—No, tienes razón. Debimos preguntar dónde estaba, si la policía no va a hacer nada pronto tendremos que hacerlo nosotros. Bueno, Annie, si nos disculpas, será mejor que vayamos otra vez a la policía.
—Eh, sí, sí, claro.
Annie salé de la casa casi a regañadientes. Ella quería haber ido con ellos a la policía. “¿Y si les sigo?”, piensa. Y solo le falta pensarlo medio segundo para hacerlo. Aunque su plan surge un giro de ochenta grados cuando se da cuenta de que ellos van a ir en coche y eso le dificulta la forma de seguirles. Pero finalmente llega a la comisaría y escucha como hablan de las demás chicas secuestradas. El comisario tiene todos los datos del caso en un cajón de su despacho. “Tengo que conseguir esos papeles”, piensa Annie. Está trazando el plan, o intento de plan, para conseguirlos cuando le suena el móvil: es Raúl.

—¿Qué quieres?
—Lo siento.
—Con tu sentir no me vale, quiero una explicación. ¡Necesito respuestas! ¿Por qué unos… bueno, ya sabes, se iban a hacer amigos míos? ¿Por qué un… se iba a acostar conmigo? ¿Por qué no me acuerdo de eso si tampoco bebí tanto, creo yo? Bueno eso es cosa mía, más bien. Pero necesito saber por qué narices me habéis utilizado así.
—Ven a casa —suspira—. Te explicaré lo que pueda.

En fin a ver si así surte efecto.... Besosos de osos^^


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