domingo, 17 de febrero de 2013

Borrador (?

¡Hola soñadores! Hoy traigo... un relato (? un prólogo de algo (? La verdad, no lo sé. Solo sé que traigo algo, no sé el qué. Se podría decir que es un relato porque simplemente fue algo que se me ocurrió y no le veo mucho futuro, pero quién sabe tal vez se convierta en un futuro en parte de algo... No lo sé, solo sé que es algo que he escrito y que quería compartir para, como siempre, ver qué os parecía xP Ahí va:



Aún recuerdo ese día como si fuese ayer. Habíamos ido a la librería de la tía. Todos los meses me dejaba elegir un libro solo para mí. En aquel entonces solo tenía doce años y aún hoy sigo yendo todos los meses a por mi libro. Fue gracias a ella que me aficioné a la literatura.
Recuerdo que fue ese el día cuando lo descubrí. Estaba recorriendo las estanterías, las cientos y cientos de estanterías. Buscaba algo nuevo, algo distinto, algo que nunca antes hubiese leído. Y, de repente, lo vi. El tercero por la izquierda de la cuarta fila empezando por arriba. No parecía tener título ni autor, pero lo que me llamó la atención de él era que tanto la portada como la contraportada tenían un paisaje marino, que parecía tan real que te entraban ganas de sumergirte en él.
Intenté alcanzarlo, pero ni de broma llegaba. Entonces, cogí una de las escaleras correderas y la arrastré hasta allí. Cuando por fin conseguí acceder al libro no se soltaba, parecía estar enganchado a la estantería. De repente, sonó un ¡clac! y la estantería empezó a temblar. Quise gritar pero presa del pánico no me salía la voz. La estantería empezó a girar y yo me di la vuelta con ella, agarrándome con todas mis fuerzas.
Minutos después me encontraba en otra habitación, la estantería había girado. La nueva habitación tenía un gran sillón blanco en el centro y la recubría paredes de manera, —en ese momento supuse que las estanterías por detrás e hice bien—, exceptuando la única estantería de verdad, la que me había transportado hasta allí. El suelo era de baldosas blancas, y una alfombra de terciopelo azul estaba en el centro, bajo el sillón. Una gran lámpara se encontraba al lado de este último. En el otro extremo, una pequeña mesilla había y un cajón en lo alto de esta cerrado a cal y canto. Por último, se podía ver una miniestantería con unos pequeños libros.
Cogí uno y empecé a hojearlo pero al cabo de un rato la curiosidad por lo que había dentro del cajón fue demasiado grande. Decidí volver al día siguiente con herramientas apropiadas para abrirlo. Sabía que estaba mal y que debería haberlo preguntado antes a mi tía, pero algo me decía que lo que había ahí dentro me pertenecía. Una corazonada.
Al día siguiente volví a la extraña habitación y me di cuenta que los libros habían cambiado, —como harían cada vez que volviese a aquella habitación—. Después de intentarlo y reintentarlo, al fin, conseguí abrir el cajón.
Dentro se encontraba un hermoso colgante azul cielo. Estaba compuesto por una enorme gema redonda, que le confería todo el color al collar, y una pequeña cadenita de plata lo terminaba de componer. Al verlo no pude hacer por más que cogerlo y un cosquilleo me recorrió todo el cuerpo cuando lo hice. Me lo puse y, para poder verme, contemplé mi reflejo en la pantallita de mi móvil. No me quedaba mal.
Me gustaba comunicación sentir su contacto y me lo deje puesto. Me acerqué a la miniestantería y cogí el primer libro que pude, dispuesta devorarlo. Nada más abrirlo el colgante empezó a brillar con intensidad y un resplandor salió del libro. De un momento a otro me vi arrastrada, no sé ni cómo, al interior del libro, como si hubiese sido transportada a otra dimensión.

Besosos de osos!


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