domingo, 7 de abril de 2013

Relato: Matt

¡Hola soñadores! Hoy os traigo un nuevo relato, espero que os guste :)



Matt
Volvíamos de vuelta a casa, estábamos a punto de coger el primer bus rumbo a casa. Y entonces lo vi. Ahí estaba, no sabía cómo pero me había encontrado. Hacía tres años que no lo veía, tres años que huía de él pero ahora estaba ahí, en la acera de enfrente: mirándome.
Hace tan solo tres años empecé a salir con él, pocos meses después empezó mi pesadilla. Todo cambió de repente,  o quizás se mostró como realmente era y tan solo había estado fingiendo, quién sabe. Se volvió posesivo como él solo. No podía salir con amigos porque se trastornaba y, obsesionado con que le estaba engañando, me buscaba por toda la ciudad hasta ubicarme y arrastrarme de vuelta a casa. Tampoco podía salir con amigas, porque según él era una excusa y tan solo me estaban cubriendo para que pudiera serle infiel. No podía salir de casa, me maltrataba, me tenía aislada del mundo.
Tiempo después de que se volviese así, huí. Me mudé lejos, todo lo lejos que pude permitirme, dejando atrás a familia, amigos y toda una vida con la simple esperanza de poder volver a vivir. Todos guardaron mi ubicación en el mejor guardado secreto y durante tres años había podido rehacer mi vida, había podido vivir. Pero me había encontrado, no sabía cómo, y ahí estaba.
Me quedé bloqueada, parada en mitad de la calle. No podía creer que me hubiese encontrado. Cruzó la carretera y se acercó a mí:
—¿Quiénes son esos? ¿Aun sigues poniéndome los cuernos? —directo al grano, como me esperaba.
Miré a mis nuevos amigos, acojonada como estaba. Vi en sus caras que lo habían reconocido y que estaban dispuestos a actuar.
—Está todo bien. Dejadme hablar con él un momento a solas.
—No nos alejaremos mucho, cualquier cosa rara vengo corriendo —me dijo Mitchell, alejándose con el reto.
—Tu perrito guardián no me da miedo, ¿sabes? Eres mía, por mucho que lo intente te vienes conmigo.
—Yo no voy a ninguna parte, Matt. Métetelo ya en la cabeza, entre tú y yo ya no hay n-a-d-a. Se terminó y hace bastante, así es que métetelo ya en la cabeza.
No entendía cómo estaba consiguiendo soltarle todo eso sin que me temblase todo el cuerpo, cagada de miedo como estaba.
—Eres tú la que no entiendes las cosas, eres mía. Tanto si te gusta como si no. Desde el momento en que decidiste aceptar mis regalos —maldito el día en el que lo había hecho—, aceptaste el contrato.
—Matt, estoy teniendo mucha paciencia. Te estoy diciendo que no voy a irme, si te gusta como si no —dije usando la misma frase que él—. Tú yo no tenemos ya nada, ¿de verdad crees que saldría con un maltratador como tú? ¿Qué harás si me niego?
¡PAM! Me dio semejante bofetada que me tiró al suelo. Me toqué el moflete y el ojo en los que me había dado, que ya empezaban a hincharse. También me sangraba la mano, del golpe había caído apoyándola sobre una piedra que había en la acera. Miré a Matt con miedo, con mucho miedo y empecé a retroceder arrastrándome. Pensé que tenía la situación controlada, pero estaba claro que me equivocaba.
Vi a los chicos de la pandilla correr e ir a defenderme frente a Matt, mientras que las chicas me ayudaban a levantarme.
—¡No se te ocurra tocarle ni un pelo, ¿te queda claro, imbécil?!
En pocos momentos la pelea había empezado, cuatro contra uno. Pero cuando vi que Matt empezaba a desangrase, que pronto iba a necesitar una ambulancia las lágrimas amenazaron con desbordarse por mi cara. No le quería, al menos ya no, pero a pesar de que fuese un tremendo capullo me había hecho sonreír, hacía muchísimo tiempo pero lo había hecho, y no quería verle morir, tan solo deseaba que me dejase en paz.
—¡Parad! ¡Dejarlo en paz! Ya… ya habrá aprendido la lección… por favor… —Terminé susurrando.
Los chicos me miraron y asintieron. Me ayudaron y nos marchamos. No volví a saber de Matt, nunca.

¡Besosos de osos!


viernes, 5 de abril de 2013

What doesn´t Kill you makes stronger: capítulo 8

¡Hola soñadores! Hoy os traigo el capítulo 8 de esta novela, espero que os guste! (:


Capítulo 8
Kim
[Jasper]
Me despierto poco a poco, he debido de dormir horas porque ya está anocheciendo. Intento levantarme, llevo tantas horas durmiendo que necesito ir al baño urgentemente. Esta vez me cuesta menos levantarme, me duele menos el cuerpo.
Al ir a volver a la habitación oigo unas voces provenientes del primer piso. Me asomo a las escaleras pero no veo a nadie. Decido bajar yo misma a investigar, y cada paso que doy bajando es un esfuerzo sobrehumano. Cuando, al fin, consigo llegar hasta abajo vislumbro a Peter y Lily en el comedor, charlando mientras cenan.
—Hola —les saludo.
—¡JK! ¿Por qué te has levantado? Te dije que necesitabas reposo absoluto.
—No te preocupes, me encuentro mejor.
—¿Te sirvo un plato? ¿Tienes hambre?
—No estaría mal, tío, gracias.
Peter vuelve al rato con un enorme plato de sopa.
—¿Te la calientas tú mismo? Se me ha estropeado el microondas, aunque si lo prefieres te la caliento en el fuego, aunque tardará un rato.
—Está bien yo lo hago.
Peter coloca el plato en la mesa, enfrente mío, me concentro y apoyo las manos sobre él. Al poco rato está tan caliente que empieza a salir humo. Lily abre los ojos de par en par, asombrada. Nunca me había visto “en acción”.
—¿Yo también puedo hacer eso? —pregunta ilusionada.
—No, por lo que me has contado, y con la poca experiencia que tengo sobre poderes… Ya sabes al único que he conocido así en toda mi vida ha sido a JK. Diría que tú lo podrías congelar.
—¿En serio? ¿Puedo probar?
Veo la ilusión en sus ojos, ya no parece tan disgustada con la idea de los poderes. Pero todo esto es demasiado para mí, me recuerda demasiado a ella… Kim… Se me empiezan a humedecer los ojos.
—Se me ha quitado el apetito —murmuro y me levanto dispuesto a volver a la habitación verde.
Lily intenta impedírmelo, pero Peter le hace un gesto indicándole que me deje, que ahora no es el momento, que está todo bien.
Subo corriendo las escaleras, sin importarme una mierda el fuerte dolor que estoy empezando a tener otra vez. No quiero pensar en nada, pero la imagen de mi hermana se me repite en la cabeza una y otra vez. Es demasiado para mí, no puedo soportarlo. Llego al fin arriba y me tumbo en la cama, con las manos alrededor de la cabeza, intentando parar los recuerdos e ignorando el daño que me hago en la herida al apretarme la cabeza.
Cuando ya no lo aguanto más cierro los ojos y dejo que me embarguen los recuerdos, tal vez reviviéndolos se acabe este dolor que siento por dentro.
Me encontraba en el viejo orfanato donde vivía tras la muerte de mi padre con mi hermana. Kim se encontraba a mi lado, jugando con sus poderes. Nunca habíamos tenido miedo a utilizar nuestros poderes en casa, papá nos había enseñado que no era nada malo, que era normal, pero allí solo lo hacíamos cuando nadie se encontraba cerca, yo no fiaba un pelo de nadie. Kim tenía el don de la telequinesia, podía mover objetos con la mente como si nada y en ese momento estaba haciendo malabares con la mente con algunos de sus peluches.
Unos hombres pasaron por la puerta, ya hice corriendo que Kim dejara de jugar con los peluches pero ya era demasiado tarde: la habían visto. No sé quiénes era, ni tampoco qué estaban haciendo allí. Lo único que sé es que la cogieron del brazo y se la llevaron, intenté impedírselo, pero con diez años como no tenía no podía hacer mucho contra tres hombres.
Forcejeé y pataleé, pero al final no pude conseguir nada. Me amenazaron, me hicieron jurar que nunca, jamás, diría nada a nadie o de lo contrario matarían a Kim. A día de hoy ni siquiera estoy seguro de que esté viva, tal vez ya ni siquiera lo esté.
Esos hombres no se dieron cuenta de que yo también tenía poderes, solo vieron a Kim y por eso se la llevaron, por eso yo me salvé cuando no debería haberlo hecho. Debería haber sido al revés, debería haber sido yo al que secuestrasen en su lugar, debería haberle prohibido que utilizase su poderes nunca. Pero con ocho años solo piensas que es un juego, no piensas en los peligros que pueden tener dichos poderes. 

¡Besosos de osos!


martes, 2 de abril de 2013

Las apariencias engañan: Capítulo 11

¡Hola soñadores! Hacía muchísisimo que no podía pasarme por aquí, y es que entre las vacaciones que no te dejan tiempo para nada y que los estudios me roban también muchísimo tiempo, ¡no paro! Pero aquí os dejo por fin el capítulo 11 de esta novela :)


Capítulo 11
—¡Annie!
—¡Sandra! ¿Dónd..?
—¡Sandra!
—¿Qué? Me has asustado, leñe.
—¿Has colgado? ¿Por qué has colgado?
—¡Tú me has asustado!
—Porque creí haber oído un ruido —dice con cara de circunstancias—. Llama de nuevo.
—¿Annie? —vuelve a preguntar tras llamar de nuevo.
—¿Sandra? ¡Oh, Dios! ¡Por fin! ¿Eres tú realmente?
—¡SÍ! Necesito que me saques de aquí, por favor.
—¡Mierda! Date prisa Sand creo que viene alguien —dice Jake mientras se pone tras la puerta.
—Annie te llamaré de nuevo ¿vale? Ahora no puedo, yo te llamaré, estate atenta por favor, necesito tu ayuda encarecidamente.
Sandra cuelga corriendo y se esconde tras la cama, la puerta se abre y aparece el padre de Jake.
—¿Con quién hablabas? He oído voces.
—Solo.
—¡¿Me tomas por estúpido?!
—¡No! Yo…
—Te has traído a esa estúpida chica ¿dónde está?
—¡No hay ninguna de tus chicas aquí!
—¡No me mientas! —dice mientras lo coge del cuello—. ¿Dónde está?
—No… no hay ninguna…
—¡He dicho que dónde está! —dice estrangulándolo con más fuerza—. ¡Dímelo!
—¡Para! ¡Suéltalo! Estoy aquí —dice Sandra mientras sale del escondite asustada.
El padre de Jake deja caer al chico al suelo, soltándolo por fin.
—¡NO! ¿Por qué has salido? Te…
—¡CALLATE! Ya arreglaré cuentas contigo luego, tú te vienes conmigo —dice agarrando a Sandra del brazo de mala manera—. ¿Qué llevas ahí? —dice tras darse cuenta de que Sandra lleva un móvil en las manos. “Mierda, lo olvidé con los nervios”, piensa esta. El padre de Jake se lo arrebata de las manos y exclama—: ¿De dónde lo habéis sacado? ¿Lo habéis usado? ¡¿A QUIÉN DIABLOS HABÉIS LLAMADO?!
Ambos chicos se miran, cómplices. No van a soltar prenda.
—Muy bien, si es lo que queréis. Vais a venir conmigo, vais a ver lo que es bueno.
Coge a los dos chicos y los saca a la fuerza de la habitación. Por el camino se encuentra a varios de sus hombres.
—Que preparen las cosas para marcharnos, mañana mismo tenemos que salir de aquí. Quiero que preparen otra casa. Todo tiene que estar listo para partir mañana ¿entendido? Y que alguien se ocupe de que estos dos reciban su merecido, yo tengo que ocuparme de unos papeles. Aplicadles el peor castigo.
—Sí, señor —dice un hombre mientras se los lleva con una sonrisa malévola en la cara.
Unos minutos antes, en casa del ángel
—Me llamará. Creo que venía alguien y por eso no podía hablar. ¡Dios me llamará! ¡Me llamará, la he encontrado!
—¿Y si no llama? —dice el demonio.
—Me encanta tu alegre forma de fastidiar la fiesta a los demás, chico.
—Pero es cierto ¿y si no llama? Entonces ¿qué harás? —le dice Raúl.
—No lo sé… ¿Esperar? Era número desconocido, no puedo hacer otra cosa.
—Es mejor dárselo a la policía, ellos sabrán qué hacer con eso.
—Los polis no sirven para nada. Míralos, llevan semanas buscándola y no la encuentran.
—Pero es mejor…
—¡Sí! Dejémoselo a ellos, sacarán la dirección antes que nosotros.
—Te repito que era desconocido, no pueden obtener nada a raíz de esa llamada.
—Quizás puedan…
—¿Qué? ¿Seguir tocándose las narices mientras Sandra está por ahí perdida y secuestrada? No, gracias. Yo me ocuparé.
Horas después, de vuelta en casa de Jake
Sandra se despierta poco a poco. Mira en derredor y no ve a nadie. Se encuentra en una habitación oscura, parece una especie de sótano. Se intenta levantar pero un fuerte dolor en el costado se lo impide. Al intentar levantarse palpa el suelo con las manos, en busca de algo en lo que apoyarse para darse impulso hacia arriba, y nota una especie de líquido por el suelo. Aparta las manos con rapidez, por acto reflejo de no saber de qué se trata. Entonces la puerta se abre, iluminando la estancia y se da cuenta de lo que es: sangre, su propia sangre. Todo su cuerpo se encuentra ensangrentado, con heridas y moratones aquí y allá.
El hombre de la puerta le mira, es alto, de pelo castaño y va vestido por completo de negro, como si acabase de venir de un funeral.
—Levántate —dice.
—No… —puedo, intenta decir Sandra. Pero incluso hablar le cuesta mil demonios.
El chico se acerca a ella y la alza, ignorando los quejidos de dolor de Sandra. Le ata las manos tras la espalda y la arrastra por los pasillos, hasta que alcanzan al resto de chicas. La empuja contra ellas, y se dirige hacia al baño, para limpiarse la sangre de Sandra que se le ha quedado, asqueado.
Unos cuantos matones se encuentran subiendo a las chicas a un camión. Todas llevan ya las manos atadas tras la espalda, pero a la hora de subirlas les atan también los pies y les tapan la boca, para después empujarlas al interior del camión como si de sacos se tratase. Ninguna de las chicas se queja, más que con lastimeros quejidos. Ya saben lo que les toca y lo que les espera. Nueva casa, eso solo significa que cambian el lugar donde se encuentran retenidas, porque el resto es igual, nada ha cambiado.

 ¡Besosos de osos!