martes, 2 de abril de 2013

Las apariencias engañan: Capítulo 11

¡Hola soñadores! Hacía muchísisimo que no podía pasarme por aquí, y es que entre las vacaciones que no te dejan tiempo para nada y que los estudios me roban también muchísimo tiempo, ¡no paro! Pero aquí os dejo por fin el capítulo 11 de esta novela :)


Capítulo 11
—¡Annie!
—¡Sandra! ¿Dónd..?
—¡Sandra!
—¿Qué? Me has asustado, leñe.
—¿Has colgado? ¿Por qué has colgado?
—¡Tú me has asustado!
—Porque creí haber oído un ruido —dice con cara de circunstancias—. Llama de nuevo.
—¿Annie? —vuelve a preguntar tras llamar de nuevo.
—¿Sandra? ¡Oh, Dios! ¡Por fin! ¿Eres tú realmente?
—¡SÍ! Necesito que me saques de aquí, por favor.
—¡Mierda! Date prisa Sand creo que viene alguien —dice Jake mientras se pone tras la puerta.
—Annie te llamaré de nuevo ¿vale? Ahora no puedo, yo te llamaré, estate atenta por favor, necesito tu ayuda encarecidamente.
Sandra cuelga corriendo y se esconde tras la cama, la puerta se abre y aparece el padre de Jake.
—¿Con quién hablabas? He oído voces.
—Solo.
—¡¿Me tomas por estúpido?!
—¡No! Yo…
—Te has traído a esa estúpida chica ¿dónde está?
—¡No hay ninguna de tus chicas aquí!
—¡No me mientas! —dice mientras lo coge del cuello—. ¿Dónde está?
—No… no hay ninguna…
—¡He dicho que dónde está! —dice estrangulándolo con más fuerza—. ¡Dímelo!
—¡Para! ¡Suéltalo! Estoy aquí —dice Sandra mientras sale del escondite asustada.
El padre de Jake deja caer al chico al suelo, soltándolo por fin.
—¡NO! ¿Por qué has salido? Te…
—¡CALLATE! Ya arreglaré cuentas contigo luego, tú te vienes conmigo —dice agarrando a Sandra del brazo de mala manera—. ¿Qué llevas ahí? —dice tras darse cuenta de que Sandra lleva un móvil en las manos. “Mierda, lo olvidé con los nervios”, piensa esta. El padre de Jake se lo arrebata de las manos y exclama—: ¿De dónde lo habéis sacado? ¿Lo habéis usado? ¡¿A QUIÉN DIABLOS HABÉIS LLAMADO?!
Ambos chicos se miran, cómplices. No van a soltar prenda.
—Muy bien, si es lo que queréis. Vais a venir conmigo, vais a ver lo que es bueno.
Coge a los dos chicos y los saca a la fuerza de la habitación. Por el camino se encuentra a varios de sus hombres.
—Que preparen las cosas para marcharnos, mañana mismo tenemos que salir de aquí. Quiero que preparen otra casa. Todo tiene que estar listo para partir mañana ¿entendido? Y que alguien se ocupe de que estos dos reciban su merecido, yo tengo que ocuparme de unos papeles. Aplicadles el peor castigo.
—Sí, señor —dice un hombre mientras se los lleva con una sonrisa malévola en la cara.
Unos minutos antes, en casa del ángel
—Me llamará. Creo que venía alguien y por eso no podía hablar. ¡Dios me llamará! ¡Me llamará, la he encontrado!
—¿Y si no llama? —dice el demonio.
—Me encanta tu alegre forma de fastidiar la fiesta a los demás, chico.
—Pero es cierto ¿y si no llama? Entonces ¿qué harás? —le dice Raúl.
—No lo sé… ¿Esperar? Era número desconocido, no puedo hacer otra cosa.
—Es mejor dárselo a la policía, ellos sabrán qué hacer con eso.
—Los polis no sirven para nada. Míralos, llevan semanas buscándola y no la encuentran.
—Pero es mejor…
—¡Sí! Dejémoselo a ellos, sacarán la dirección antes que nosotros.
—Te repito que era desconocido, no pueden obtener nada a raíz de esa llamada.
—Quizás puedan…
—¿Qué? ¿Seguir tocándose las narices mientras Sandra está por ahí perdida y secuestrada? No, gracias. Yo me ocuparé.
Horas después, de vuelta en casa de Jake
Sandra se despierta poco a poco. Mira en derredor y no ve a nadie. Se encuentra en una habitación oscura, parece una especie de sótano. Se intenta levantar pero un fuerte dolor en el costado se lo impide. Al intentar levantarse palpa el suelo con las manos, en busca de algo en lo que apoyarse para darse impulso hacia arriba, y nota una especie de líquido por el suelo. Aparta las manos con rapidez, por acto reflejo de no saber de qué se trata. Entonces la puerta se abre, iluminando la estancia y se da cuenta de lo que es: sangre, su propia sangre. Todo su cuerpo se encuentra ensangrentado, con heridas y moratones aquí y allá.
El hombre de la puerta le mira, es alto, de pelo castaño y va vestido por completo de negro, como si acabase de venir de un funeral.
—Levántate —dice.
—No… —puedo, intenta decir Sandra. Pero incluso hablar le cuesta mil demonios.
El chico se acerca a ella y la alza, ignorando los quejidos de dolor de Sandra. Le ata las manos tras la espalda y la arrastra por los pasillos, hasta que alcanzan al resto de chicas. La empuja contra ellas, y se dirige hacia al baño, para limpiarse la sangre de Sandra que se le ha quedado, asqueado.
Unos cuantos matones se encuentran subiendo a las chicas a un camión. Todas llevan ya las manos atadas tras la espalda, pero a la hora de subirlas les atan también los pies y les tapan la boca, para después empujarlas al interior del camión como si de sacos se tratase. Ninguna de las chicas se queja, más que con lastimeros quejidos. Ya saben lo que les toca y lo que les espera. Nueva casa, eso solo significa que cambian el lugar donde se encuentran retenidas, porque el resto es igual, nada ha cambiado.

 ¡Besosos de osos!


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