miércoles, 5 de junio de 2013

Retazos de mi última aventura: Prólogo

¡Hola soñadores! Hoy os traigo el prólogo de una nueva novela, sé que esta va a ser la buena y que la voy a terminar sí o sí. Aún tengo que crearle su página en el menú, por lo que de momento os traigo el prólogo y de aquí a unos días estará la página para que podáis ver la sinopsis :)

Prólogo
Me encuentro en el hospital. Acaban de comunicarme que la enfermedad que tenía, la culpable de que me hubiese pasado horas y horas encerrada en este maldito hospital para que la investigasen, en lugar de estar disfrutando de mi vida, era incurable. Se habían pasado meses investigando lo que tenía, intentando averiguar cómo tratarla. Pero nada de eso había servido. Nada. Ya no había esperanza: era incurable. En pocos días acabaría consumiéndome por completo, me habían dicho. Como si fuese una maldita flor que se pudre.
Cuando me dieron la noticia, el mundo se me vino encima: había desaprovechado mis últimos días de vida encerrada en un puñetero hospital. Salgo de la habitación seguida de mi madre y me dirijo hacia el coche. El camino de vuelta a casa se hace pesado. Sé que ella quiere hablar, que quiere que hablemos de lo que ha pasado en el hospital, pero no sabe cómo y yo no quiero hablar de ello, por lo que no digo nada.
Cuando llegamos a casa subo corriendo a mi habitación y me encierro. Me quedan 7 días, más o menos, 7 días para disfrutar de la vida al máximo, como nunca antes lo he hecho, y no pienso desaprovecharlos. Cojo papel y boli y empiezo a escribir, necesito hacer una lista: la lista de todas las cosas que necesito hacer antes de morir. La lista que tengo 7 días para cumplir, si es que llego a los 7 días. Escribo:


Lista de cosas para hacer antes de morir:
1.     Montar un fiestón y que venga la poli a echarnos.
2.    Participar en una carrera callejera de coches o de motos por última vez.
3.    Comer comida basura hasta reventar.
4.     Hacer paracaidismo.
5.    NO morir virgen.
6.     Romperle el corazón a Brian.
7.     Reírme hasta llorar.
8.    Tener las narices de decirles, por fin, a todos lo mucho que los quiero.
9.    Colarme en un concierto.
10. Conseguir por fin arrastrar a todas a colarnos en una discoteca.
11.  Viajar a Roma o a New York.
12.  Pasar una noche bajo las estrellas.
13. Escribir un libro.
14.  Inventar una nueva receta y que me salga bien.
15.  Rodar por una ladera de hierba por última vez.
16.  Dejar mi huella en algún lugar, para que todos me recuerden.
17.   Tomar prestada una moto y conducir sin carnet.
18.  Hacer una fogata en la playa.
19.  Darle un buen puñetazo a la puta de Ashley.
20. Teñirme el pelo de azul.
21.  Hacer un picnic en lo alto de una montaña.
22. Gritar hasta quedarme afónica.
23. Vivir una gran aventura.
24. No dejarme a nadie por despedir.
25.  Hacerme un tatuaje.


Cuando termino leo el papel en voz alta. La gran mayoría son casi imposibles de cumplir, pero tenía que apuntarlas. Otras simplemente son cosas que no puedo morir sin hacerlas. Está claro que no podré hacerlo yo sola, necesitaré ayuda. Tengo que ir a casa de Sally y pedirle ayuda. Sally es pelirroja, con melena larga y rizada, ojos azules, tez morena, de estatura media y delgada. Es la más loca de todas mis amigas, la más desenfrenada (aunque no tanto como yo, ella se achanta más), la que se apunta hasta a un bombardeo; me ayudará fijo.
Me acicalo un poco y me miro en el espejo, no me gusta mucho lo que veo. Una chica castaña, con el pelo largo largo y rizado, ojos verdes, de estatura media y delgada me mira desde el otro lado del espejo, con la tez tan pálida que parece uno de esos actores que hacen de vampiros y portan maquillaje en demasía. Me veo cansada, con unas ojeras de tres kilómetros de largo (no exagero), y unas bolsas enormes bajo los ojos. Cualquiera diría que llevo semanas sin dormir, aunque lo cierto es que duermo como un lirón. El aspecto que tengo ahora mismo no me hace mucha gracia, parece como si ya estuviese muerta, así es que me dispongo a disimularlo con un poco de maquillaje.
Es verano, no hace mucho frío, por lo que llevo unos vaqueros largos conjuntados con una camiseta azul, de manga corta y con unas cuantas palabras como diseño, cortita, y una chaqueta blanca también corta por encima, que dejan al descubierto mi ombligo. Para que se pueda ver el piercing que llevo, quiero poder lucirlo como nunca, antes de morir.
Cojo el papel con la lista y me lo meto en el bolsillo, junto con las llaves de casa y el móvil. Le aviso a mamá de que voy a casa de Sally y salgo por la puerta. Miro el reloj: 11:27, el tiempo corre deprisa.


Cuando llego a casa de Sally lo primero que hace es preguntarme por lo que han dicho los médicos:
—Pasa, vamos. Vayamos a la cocina, ¿quieres algo para tomar? ¿Té, café, un chocolate? ¿Batidos o algún zumo? Espera ya sé: quieres un batido de fresa ¿verdad? —Conocía bien mi obsesión por los batidos de fresa.
—Gracias —digo cuando me lo pone delante, pegando un largo sorbo.
—Bueno, deja de beber y cuéntamelo de una vez, ¿qué es lo que te han dicho?, —no han pasado ni cinco segundos, aún no he tenido tiempo de contestar, cuando ya se está impacientando—. Venga, vamos, ¡no me pongas más nerviosa!
La miro, eso es lo único que hago. Pero al parecer mi mirada lo expresa todo, porque antes de que pueda siquiera abrir la boca dice:
—No. No, no, no, no. Dime que no.
—Yo no puedo hacer nada…
Veo cómo las lágrimas empiezan a asomar a sus ojos.
—¿Cuánto? —dice enjugándose las lágrimas.
—7 días, más o menos. Y he traído esto —digo sacando la lista—. Esperaba que pudieses ayudarme a cumplirla con los demás.
Se la entrego y la lee.
—Sabes… sabes que tendremos que contárselo a los demás para que nos ayuden, lo de tu enfermedad. —Sally es la única que lo sabe, sé que fui egoísta al contárselo y al provocar que ella viviese también con ese sufrimiento, con esa agonía, pero necesitaba poder desahogarme con alguien que no fuese mi madre.
—Preferiría no hacerlo.
—Se puede intentar… Sin decírselo a nadie, haciendo como que simplemente son planes, pero será bastante difícil. ¿Darle un buen puñetazo a la puta de Ashley? —pregunta, partiéndose de risa.
—No puedo irme sin hacerlo, no hay quien la aguante.
—¿Y lo de romperle el corazón a Brian? —pregunta, ya más seria.
—Necesito hacerlo. Necesito que me odie para que no se sienta atado a mí de por vida, para que pueda volver a estar con otras chicas una vez yo muera.
—No digas eso, por favor. No así —dice intentando contener de nuevo las lágrimas.
—Lo siento, Sally —digo abrazándola—. Pero no puedo hacer nada, es mejor que lo aceptemos cuanto antes…
—Tal vez no quiera aceptarlo hasta que ocurra.
—Sally…

—Da igual, no importa. Cumplamos tu lista, pongámonos manos a la obra.


¿Qué os parece? ¡Besosos de osos!


1 comentario:

  1. Hola cielo muy bueno el texto y la lista por hacer antes de morir es muy buena. besos

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