lunes, 7 de octubre de 2013

Retazos de mi última aventura: 6 días *Adelanto*

¡Hola, soñadores! Siento haber tardado tanto en actualizar esta novela, pero, bueno, ya sabéis, lo que os decía el otro día. El instituto, actividades extraescolares y demás pormenores no me dejan tiempo para más T.T Pero bueno, como siento que esto está un poco abandonado y quiero que veáis que no es así y que estoy siguiendo con la historia os dejo un pequeño adelanto del capi, no es la gran cosa pero podemos ver a Brian y a Lizzie *-* ¡Espero que lo disfrutéis y poder traeros la continuación pronto! :3

6 días
Una música estridente me despierta.
« Hey, said us hustler's work is never through
We makin' it 'cause we make it move
The only thing we know how to do
Said it's the only thing we know how to do

Work hard, play hard
Work hard, play hard.
We work hard, play hard
Keep partyin' like it's your job»
Me levanto como puedo, en busca de la procedencia del sonido. Afino el oído mientras voy pegándolo por toda la habitación, pero está claro que de aquí no es. Salgo de la habitación y sigo buscando. Pero de repente me cae una almohada en la cabeza. Me giro en la dirección de la que ha venido.
—¡Apaga ese cacharro, Lizzie! —me grita mi madre. Siempre tan amable—. Hay gente que quiere dormir —dice tras darse la vuelta y taparse la cabeza con otra almohada.
—¡Ya voy, mamá, lo siento!
¡El baño, procede del baño! Corro hasta allí y al fin lo ubico. Reviso todos los bolsillos de la ropa sucia de ayer en busca de mi móvil. Justo a tiempo:
—¿Sí?
—¡Pues sí que has tardado! Arriba, dormilona, que en dos horas sales de viaje. Solo quería que no te durmieses.
—Pues has cumplido, se me había olvidado poner la alarma. Gracias por despertarme.
—No me las des, ¿has dormido bien?
—¿Sabiendo que vas a llevarme a Italia cómo iba a dormir mal? —le digo, aunque en realidad he dormido fatal.
Oigo cómo se ríe al otro lado.
—¿Nos vemos luego?
—Nos vemos —asiento.
—Te quiero, adiós.
—Lo sé —digo antes de colgar.

Se me forma una sonrisa en la cara tras la conversación que no puedo evitar. Brian es simplemente el mejor. Miro el reloj: las 8:09. Me entra dolor de cabeza solo de pensar en lo poco que he dormido. Ni tres horas y, sin embargo, aunque siento que la cabeza me va estallar siento que soy perfectamente capaz de pasarme el resto del día en pie. Antes de salir del baño de vuelta a mi habitación me miró en el espejo, parezco un mapache de las ojeras que tengo.

¡Besosos de osos!




viernes, 4 de octubre de 2013

Padre e hija

¡Hola, soñadores! ¡He vuelto! Lo sé, llevo como un mes sin actualizar pero resulta que empecé el instituto y entre eso y que no paro en todo el día ya no me daba tiempo apenas para escribir u.u ¡Pero al fin he escrito algo! Espero que os guste :) ¡Oh!, y ya he empezado el capi dos de "Retazos de mi última aventura", ¡al fin!

Padre e hija
—¡Más alto, papi! —gritaba la niña.
Padre e hija se encontraban en un precioso parque. Un jardín enorme como si se tratase de un pequeño bosque lo conformaba. Este “bosque” rodeaba a una casa de cultura que había en el centro, en uno de los recodos del parque había un gran estanque con patos, donde tanto padres e hijos, tíos y sobrinos como nietos y abuelos se divertían dando de comer a los patos.
A un lado del parque había una pequeña caseta de la que se bajaba por un tobogán verde y a la que se subía por una especie de telaraña de cuerda por la que se podía trepar. Al lado de esta caseta había un rojo trampolín, en el que dos niños jugaban también; al otro lado estaban los columpios, en los que padre e hija se divertían y, por último, pequeñas figuritas rodeaban el parque, como un coche, una moto o una gran tortuga.
La niña reía feliz mientras su padre la columpiaba.
—¡Más, más alto! —gritaba.
—¿Más? ¡Si ya tocas las nubes! —exclamó su padre riendo feliz.
—¡Sí! ¡Aún no llego, papi!
El padre siguió empujando el columpio de su hija. Cuando la niña se cansó del columpio se fue a jugar al tobogán con otros niños y su padre se sentó a un banco para poder vigilar que no le pasase nada.
Cuando ya llevaban un tiempo así la niña, de repente, fue corriendo donde su padre y lo abrazó.
—¡Eres el mejor papi del mundo! Te quiero así de grande —decía mientras extendía mucho los brazos.
El padre, pillado por sorpresa, también abrazó a su hija.

—Yo también te quiero, mi pequeña —dijo mientras posaba un cariñoso beso en su frente.



¡Besosos de osos!