jueves, 14 de noviembre de 2013

Retazos de mi última aventura: Capítulo 2 (primera parte)

¡Hola, soñadores! Hoy os traigo, al fin, la primera parte del segundo capi^^

6 días (primera parte)
Una música estridente me despierta.
« Hey, said us hustler's work is never through
We makin' it 'cause we make it move
The only thing we know how to do
Said it's the only thing we know how to do

Work hard, play hard
Work hard, play hard.
We work hard, play hard
Keep partyin' like it's your job»
Me levanto como puedo, en busca de la procedencia del sonido. Afino el oído mientras voy pegándolo por toda la habitación, pero está claro que de aquí no es. Salgo de la habitación y sigo buscando. Pero de repente me cae una almohada en la cabeza. Me giro en la dirección de la que ha venido.
—¡Apaga ese cacharro, Lizzie! —me grita mi madre. Siempre tan amable—. Hay gente que quiere dormir —dice tras darse la vuelta y taparse la cabeza con otra almohada.
—¡Ya voy, mamá, lo siento!
¡El baño, procede del baño! Corro hasta allí y al fin lo ubico. Reviso todos los bolsillos de la ropa sucia de ayer en busca de mi móvil. Justo a tiempo:
—¿Sí?
—¡Pues sí que has tardado! Arriba, dormilona, que en dos horas sales de viaje. Solo quería que no te durmieses.
—Pues has cumplido, se me había olvidado poner la alarma. Gracias por despertarme.
—No me las des, ¿has dormido bien?
—¿Sabiendo que vas a llevarme a Italia cómo iba a dormir mal? —le digo, aunque en realidad he dormido fatal.
Oigo cómo se ríe al otro lado.
—¿Nos vemos luego?
—Nos vemos —asiento.
—Te quiero, adiós.
—Lo sé —digo antes de colgar.
Se me forma una sonrisa en la cara tras la conversación que no puedo evitar. Brian es simplemente el mejor. Miro el reloj: las 8:09. Me entra dolor de cabeza solo de pensar en lo poco que he dormido. Ni tres horas y, sin embargo, aunque siento que la cabeza me va estallar siento que soy perfectamente capaz de pasarme el resto del día en pie. Antes de salir del baño de vuelta a mi habitación me miró en el espejo, parezco un mapache de las ojeras que tengo.
Al llegar al cuarto de vuelta lo primero que hago es buscar el portátil, que se encuentra a un lado de la cama. Lo enciendo y mientras espero bajo a la cocina, necesito urgentemente quitarme este dolor de cabeza.
Me como un croissant para llenarme un poco el estómago y me tomo un ibuprofeno. Con suerte en media hora se me habrá pasado.
Subo corriendo las escaleras de vuelta y busco en el ordenador el archivo de ayer para ver dónde me quedé. Bien, lo redacté todo. Cojo la ropa preparada para hoy y me dirijo a la ducha.
El agua caliente me relaja los músculos y logra terminar de despertarme. Salgo de la ducha y tras secarme un poco me pongo el albornoz y una toalla en la cabeza para no ir chorreando por toda la casa.
Bajo a la cocina y me preparo un cola cao con galletas para desayunar. Aún no puedo creerme que vaya a ir a Roma de verdad, me noto como flotando en una nube. Apuro el cola cao y subo arriba de vuelta. Cojo mi ropa y vuelvo al baño.
Tras lavarme los dientes, vestirme, secarme bien el pelo y maquillarme guardo el neceser ya preparado en la maleta.
Miro el reloj: 9:16. Cojo la maleta. Es hora de irse, no quiero llegar tarde. Pero entonces me acuerdo en el último momento y vuelvo a subir arriba, será mejor que coja el pasaporte, además del DNI que siempre llevo encima, para por si acaso.


Recojo a Sally en la puerta de su casa y nos dirigimos al tren.
—¿Te han dicho algo tus padres?
—Todo bien. Ayer cuando llegué y se lo dije llamaron a los padres de Brian y ellos les convencieron de que todo estaba bien. Espero que no les hayamos ocasionado muchos problemas, seguro que todos nuestros padres les llamaron para asegurarse —dice preocupada.
—Eso espero yo también, aunque los padres de Brian, por suerte, tienen mucha paciencia. Bueno, tía —digo cambiando de tema— que ¡nos vamos a Roma!
—¡Sí! Madre mía, no te imaginas lo nerviosa que estoy, ¡en unas horas estaremos de viaje! —dice feliz.
Me alegra enormemente el por fin haber hecho algo bien, algo que no la deprima después de todo por lo que la estoy haciendo pasar.


Nos bajamos del tren en la parada de casa de Brian y vemos que la gran mayoría ya están aquí.
Sally saluda a todos con dos besos, como siempre, y yo solo doy un simple «hola». Me fijo bien en quiénes faltan. Qué raro, nótese la ironía, que falten Derek, Kelly y Matt.
—¿Alguien sabe algo de los tres que faltan?
—Ni idea.
—Solo que se suponía que para las diez estarían aquí.
—¿Hora?
—Las diez menos cinco.
—Genial, van a llegar tarde.
Cojo mi móvil y entro en el WhatsApp. Me voy al perfil de Matt, última conexión a las 09:53. Ha sido hace poco por lo que prefiero mandarle un mensaje antes que llamarle, seguro que lo ve.

Se puede saber dnd rayos estais??
Vamos en l tren
Se nos a hecho un poco tarde
Pues ya estais tardando
Q siiii
Ya llegamos
OK

—Ya llegan, se les ha hecho tarde.
—Qué raro —ironiza Carl.
—Bueno, ya sabes como son.
—Menos mal que ayer dijimos que todos puntuales.
Pocos minutos después aparece Brian, que viene a recogernos. Saluda a todos con un pequeño gesto de la mano, mientras se dirige hacia mí y me da un tierno beso a modo de saludo.
—¿Preparados para el viaje? ¿Y Derek, Matt y Kelly? —añade tras ver que no están.
—Se les ha hecho tarde.
—Bueno, les mando un mensaje para que vayan directos a mi casa, podemos esperarles allí.


Cuando llegamos a casa de Brian sus padres ya nos están esperando con dos enormes todoterrenos, uno rojo y otro negro, marca Jeep. Parecen contentos de poder llevarnos de viaje, la verdad. Se nota lo mucho que aprecian a su hijo y el que harían cualquier cosa por él.
La fachada de su casa es toda blanca, con las ventanas y puertas en azul que le dan un toque de casa de la playa. Tienen un enorme garaje a la derecha, un gran porche con una mesa, varias sillas y una hamaca en la otra esquina, y plantas a montones. A la madre de Brian le encanta la jardinería, por lo que cuida mucho de que todas sus plantas tengan una apariencia estupenda, rosales y tulipanes son las que más abundan. Si se sigue por el lado derecho de la casa se llega al jardín trasero, donde tienen una preciosa piscina y muchísimas plantas más.
Empezamos a guardar las maletas poco a poco, jugando un poco al tetris entre los dos maleteros, y eso que llevamos poco equipaje. Cuando ya estamos guardando las últimas maletas aparecen al fin los restantes. Han debido de venir corriendo porque llegan sofocados.
—¡Hombre, ya era hora! —exclama Carl.
—La puntualidad no es vuestro fuerte, ¿eh? —bromea Susan, la madre de Brian.
Susan se parece mucho a su hijo. Tienen los mismos ojos azules, y está claro que su precioso pelo rubio lo ha heredado de ella. Tiene una cara redondeada en la que no parece haber hecho efecto el paso de los años, con unos finos labios pintados de una tonalidad granate, una nariz respingona, unos ojos enormes pero preciosos con sombreado de un azul claro, a juego con su ropa, y un par de pecas en las mejillas.
Es un poco más alta que su hijo y delgada, con su pelo rubio ondulado cayéndole en cascada por la espalda. Lleva unos vaqueros de una tonalidad de morado muy claro, cortos, junto con una camiseta de tirantes blanca y unas preciosas sandalias, también moradas, con tacón.
—Lo sentimos, se nos hizo tarde.
—Anda, dejarle las maletas a mi marido y entrar en casa, que se os ve sedientos. Ahora venimos.
El interior de la casa de Brian es realmente magnífico para tratarse de una casa. Lo primero que se ve al entrar es un descansillo que está compuesto por un gran círculo con unas escaleras en espiral a su lado izquierdo, con una pequeña puerta bajo ellas. La habitación está formada por blancas paredes y un suelo de mármol blanco también, con una espiral gris en el centro. Al fondo de esta se encuentra el salón y a su derecha está la cocina.
Esta está compuesta por un suelo de baldosas blancas y negras, y unas paredes de baldosas, también, con dibujos abstractos de color naranja sobre un fondo blanco. Nada más entrar a la habitación encuentras una mesa de cristal, cuadrada, rodeada de sillas blancas. Y al fondo de la cocina se encuentran todos los electrodomésticos, junto a una encimera de un color blanco grisáceo en forma de L, y unos taburetes también blancos junto a ella.
Nos sentamos en los taburetes mientras esperamos que Susan nos sirva.
—¿Nerviosos por el viaje? —dice mientras nos sirve los refrescos.
—Un poco, yo nunca he montado en avión —comento.
—No estés nerviosa por ello, cariño. No pasará nada, ya lo verás.
—Sí, Lizzie. Lo pasarás genial, iremos cogiendo altura e irás viendo cómo todo se va haciendo pequeñito como hormiguitas. ¡Será una pasada!
—¡Lo vais a pasar genial! Y me alegro mucho de que mi Brian haya querido invitaros. Sois los primeros amigos a los que invita, no ha tenido mucha suerte en cuestiones de amistad —dice apenada—. Me alegro mucho de que os haya conocido.
—Y nosotros de haberlo conocido, es un gran colega. Y no solo porque nos lleve de viaje —bromea Derek.
—¿Qués lo que le pasó? —pregunta Matt.
—Bueno…Ha sufrido mucho, mi pobre niño. Desde pequeño lo hemos llevado siempre a colegios públicos, siempre hemos estado de acuerdo en que no queremos que la gente lo trate de forma distinta solo porque tenga dinero. Y llevarlo a un colegio público era la única forma de conseguir que eso no pasase. Mientras fue pequeño la cosa funcionó, pero cuando fue creciendo…
—La gente se empezó a enterar y le utilizaban. Tan solo Carl y yo nos quedamos a su lado y fuimos sus verdaderos amigos —completa Kelly.
—Eso lo hizo volverse más tímido, desconfiado. Pasó por una fase en la que no confiaba en nadie, no traía a nadie a casa, apenas salía… Con el tiempo la superó, se dio cuenta de que podía confiar perfectamente en Carl y Kelly, que ellos nunca le habían utilizado ni lo harían —sonríe hacia Kelly—. ¡Y después os conoció a vosotros! Ahora se le ve más feliz. Le seguimos viendo tímido y desconfiado, pero es más feliz.
En ese momento entró por la puerta Brian, justo a tiempo.
—¿Estás regalando algo, mamá? ¿Les has prometido un televisor de plasma o algo así? Llevamos horas esperándoos.
—Culpa mía, cariño. Les he entretenido —responde Susan riendo por el comentario, a la vez que nosotros.
Salimos del comedor y nos dirigimos hacia los coches.
—¿De qué hablabais con mamá? —nos pregunta Brian, intrigado.
—Tonterías. Solo te ha puesto por las nubes. Y con razón —digo tras darle un lívido beso.
Nos repartimos por los coches y nos ponemos en marcha camino al aeropuerto. El viaje es largo, aunque se hace ameno, el padre de Brian que es el que nos lleva a Brian, Sally, Jack y a mí—, se lo pasa contándonos todo lo que han planeado para que hagamos en Roma. No puedo creerme aún que hayan hecho todo esto por nosotros… ¡Son tan distintos de mamá! Mamá probablemente nos hubiese comprado los billetes y nos hubiese dejado “que disfrutemos solos”, creyendo que así estaría cumpliendo como buena amiga. Las lágrimas empiezan a  amenazar con desbordarse y un nudo se me forma en la garganta. No se da cuenta de que quiero una madre, ¡no una amiga! Y moriré sin que lo haya entendido.
Una solitaria lágrima consigue abrirse camino por mi cara, y en pocos minutos me encuentro desbordada por un torrente de lágrimas.
—Hey, ¿qué pasa, Saltimbanqui? —dice Brian intentando animarme de lo que sea que me pase.
—¿Qué pasa, Lizzie? —pregunta preocupado el padre de Brian.
—Es solo… Mamá nunca…
—Shhh, ven, tonta —me abraza Brian, entendiéndome perfectamente.
El trayecto continúa sin más interrupciones, y en pocos minutos hemos llegado al aeropuerto.
Los padres de Brian se ocupan de todos los tecnicismos y demasíes para que podamos viajar, y en pocos minutos nos encontramos yendo hacia las pistas de aterrizaje, con unos carritos enormes repletos de maletas. Cuando empezamos a acercarnos al avión lo miro de arriba abajo. ¡Madre mía!, ¡es enorme! La emoción me hace empezar a saltar como una niña pequeña.
—¿Preparados para el viaje de vuestras vidas? —dice Derek, emocionado, mientras subimos. Y apunto estoy de decirle que «Nunca mejor dicho».

—Preparados —respondemos al unísono.


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